Historia de un tintero
Leo con atención todas las semanas las filosóficas notas de los domingos de Jorge Besso en el suplemento Mujer y me impactó la del pasado 24 de febrero, titulada "El tintero".

Sábado 28 de Febrero de 2009

Leo con atención todas las semanas las filosóficas notas de los domingos de Jorge Besso en el suplemento Mujer y me impactó la del pasado 24 de febrero, titulada "El tintero". Es verdad, algunos tinteros por su calidad artística o por haber pertenecido a alguna celebridad pasan al museo, pero hay excepciones. Obra en mi poder un tintero del siglo XIX, de calidad corriente para la época, de común uso por un escritor profesional. Este objeto es de gran valor para mi persona por haber sido en principio, propiedad de Federico de la Barra, fundador en 1856 del primer diario de esta ciudad, La Confederación, que usara para redactar los borradores de dicha página. Así también, más tarde en sus colaboraciones para el Comercio y posteriormente, para La Capital. Con el correr de los años este tintero fue heredado por su hija, Emma de la Barra de Llanos. Esta escritora lo utilizó hasta 1934, para escribir toda su producción literaria, empezando por la novela Stella. Por aquellos años, pasando sus vacaciones en la estancia San Guillermo de Tortugas (SF), en que mi padre era administrador y junto a mi madre íntimos amigos, al regresar a Buenos Aires olvidó el tintero, adminículo de sus más apreciadas pertenencias. Al intentar enviárselo por correo, me lo ofrece como recuerdo suyo por haber oficiado en mi adolescencia como su mensajero particular en el envío y recepción de su correspondencia personal. Como bien lo dice Besso, siempre queda algo en el tintero.

Roberto Linares, linares3@arne