Domingo 07 de Junio de 2009
Hasta el domingo pasado Jorge Cuccia era uno de los internos emblemáticos del Servicio
Penitenciario santafesino (SP). El hombre, que cumplía una condena a 25 años, era editor de la
revista Ciudad Interna, una prolija y crítica publicación escrita por los internos de la cárcel de
Coronda. También era un portavoz necesario para las autoridades y hasta para los propios medios de
comunicación a la hora de conocer qué pasaba detrás del muro perimetral en la vieja prisión
corondina. En noviembre pasado, el recluso fue trasladado a la Unidad Penitenciaria rosarina, en
Zeballos y Riccheri, donde empezó a gozar del régimen de salidas transitorias. Pero hace una semana
violó la obligación de retornar al presidio y hasta ayer era considerado prófugo.
Cuccia, o Crespillo como se lo conocía habitualmente por su apellido
materno, es de las personas que despierta amores y odios no sólo entre sus pares sino también entre
los miembros del SP. Fue él quien, junto a otros dos internos, le relataron a periodistas de
La Capital cómo los efectivos del SP habían alentado la masacre de 14 presos en la cárcel de
Coronda, aquel trágico 11 de abril de 2005.
Golpe duro. Por eso, que no regresara a su lugar de detención después de una salida
transitoria, fue tomado como un duro golpe para los defensores de los derechos que los internos
tienen y se ganan detrás de los muros. “Técnicamente es un incumplimiento de una salida
transitoria. No es una fuga o una evasión”, indicó un vocero conocedor de la realidad de los
presos en la provincia. La fuente aclaró que Cuccia “ya gozaba de salidas
transitorias”, lo que los internos llaman “faz de confianza”. Un lugar al que se
llega “haciendo conducta”, como se suele decir en los pasillos de los pabellones, y
cumpliendo un tiempo proporcional de la condena.
En su artículo 17, la ley 24660 de ejecución de la pena privativa de la
libertad establece que “el interno que llega a la mitad del cumplimiento de su condena tiene
derecho de solicitar el régimen de salidas transitorias” ante el juez de Ejecución Penal.
Esto está previsto en el espíritu de la ley en función de resocializar al preso y está encuadrado
como un derecho, y no como un beneficio.
Ese beneficio consta de varias modalidades y la petición debe ser acompañada
con un informe positivo del director de la unidad carcelaria en la cual está alojado el detenido.
“Cuccia ya estaba encuadrado para gozar de las salidas transitorias porque había cumplido más
15 años de prisión. Y de hecho ya tenía otorgado el régimen porque todos los informes sobre su
conducta habían sido positivos”, explicó el vocero.
Traslado discutido. Más allá de las disposiciones legales y los informes, en noviembre
pasado el fiscal santafesino Carlos Raúl Romero se opuso a firmar el cambio de modalidad
peticionado por Cuccia. Sin embargo, ese mismo mes el detenido fue trasladado a la cárcel de
Rosario.
Fue entonces que el interno volvió a peticionar ante el juez de
Ejecución Penal subrogante de Rosario, quien accedió al cambio de modalidad. Desde el SP se indicó
que el domingo 31 de mayo fue la primera vez que el interno accedía al beneficio, que consistía en
quedar a cargo de un familiar durante medio día. Fue así que salió a las 8 de la mañana del viejo
edificio de Zeballos y Riccheri y como no regresó en el horario pautado, las autoridades de la
Unidad 3 empezaron a preocuparse. Aguardaron las seis horas establecidas por norma y después
denunciaron la anomalía en la comisaría 6ª, encargada de encontrar a Cuccia junto a toda la policía
rosarina. l