Viernes 06 de Agosto de 2010
La Iglesia de Inglaterra estuvo junto a Roma durante casi mil años, antes de que ambas iglesias se separaran en 1534, durante el reinado de Enrique VIII.
La separación teológica se concretó cuando Enrique VIII quiso anular su matrimonio con Catalina de Aragón (de acuerdo al Derecho canónico). Bajo presión del sobrino de Catalina, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Carlos V, el Papa Clemente VII, inicialmente favorable a la solicitud, la rechazó, por lo que el rey Enrique VIII, aunque teológicamente un católico romano devoto (proclamado Defensor de la Fe por sus ataques al Luteranismo), decidió convertirse en jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra, que devino en una iglesia nacional independiente de Roma, para asegurar la anulación de su matrimonio.
La Reforma anglicana del siglo XVI culminó con la separación de la Iglesia de Inglaterra y la Iglesia Católica Romana y con la emancipación de la autoridad papal. Es parte de la reforma protestante que ocurrió en muchos países de Europa.
Siguieron en Inglaterra muchos años de disputas teológicas, que a la postre llevaron a la guerra civil. El resultado fue el establecimiento de una iglesia estatal y el reconocimiento de otras iglesias y movimientos religiosos, incluyendo la Iglesia Católica Romana.
Pasados cinco siglos de la separación de la Iglesia Anglicana del Papado de Roma, el fenómeno se revierte y son numerosos los anglicanos que piden su ingreso a la Iglesia Católica romana.
Uno de los casos más resonantes lo protagonizó el ex primer ministro británico, Tony Blair. Educado como anglicano, aunque de padre agnóstico y conservador y de madre neoirlandesa protestante, el ex primer anunció oficialmente su conversión al catolicismo en diciembre de 2007. Fue el cardenal de Westminster quien lo recibió en la Iglesia Católica en una ceremonia íntima en su residencia privada.
Más recientemente, según voceros vaticanos, hasta 400 mil anglicanos, ya de todo el mundo, han pedido la unión plena con Roma.
La ordenación de mujeres sacerdotes y de ministros homosexuales han provocado un profundo cisma en el anglicanismo.