Jueves 26 de Marzo de 2009
El cuchillo de cocina le quedó clavado debajo del hombro y le perforó la membrana que recubre los pulmones a Marcelo Rivademar, un estudiante de 22 años que estuvo a sólo 3 centímetros de un desenlace fatal. El joven recibió una puñalada cuando se trabó en lucha con un delincuente que había ingresado a robar a su casa de Salta al 2300.
Tras la agresión, el ladrón y los dos cómplices que lo acompañaban escaparon sin robar nada, mientras que la víctima tuvo que ser internada en un sanatorio.
Rivademar, cuyo padre es un comisario retirado de la policía de la provincia, se encontraba ayer fuera de peligro en una habitación del sanatorio de Oroño al 600. Guillermina, su hermana de 23 años, contó que lo vivido por el joven era casi un milagro. "Le quedó el cuchillo clavado a 3 centímetros del pulmón. Los médicos dijeron que zafó ahí nomás", contó la jovencita.
La familia Rivademar vive en una casa de dos plantas ubicada en Salta entre Santiago y Alvear. Está compuesta por el matrimonio y cuatro hijos (Diego, de 28 años, Guillermina, de 23; Marcelo, de 22; y Augusto, de 5). El martes a la tarde sólo estaban allí Guillermina y Marcelo, pero poco antes de las 17 la joven también abandonó la vivienda y su hermano quedó durmiendo la siesta.
Lo despertó el teléfono. El asalto se produjo cerca de las 18.30. El descanso de Marcelo fue interrumpido por una llamada telefónica. "Cuando mi hermano se levantó para atender escuchó ruidos que venían del patio que se conecta con la cocina. Ahí se encontró con dos tipos, pero parece que había otro más escondido en el patio", remarcó Guillermina a LaCapital. De esa forma comenzó una pelea entre el dueño de casa y al menos dos de los intrusos.
"Desparramaron todo por el piso en el medio de la pelea, hasta que uno de los tipos agarró un cuchillo Tramontina de la cocina y se lo clavó en el pecho a mi hermano", recordó la joven.
El puñal quedó incrustado en el pecho de Marcelo y le perforó la pleura de un pulmón. La propia víctima tuvo que desclavarlo mientras los ladrones escapaban por el mismo lugar por donde llegaron, es decir por la escalera que lleva a la terraza. "En nuestra cuadra la mayoría de las casas son bajas y los techos se comunican. Los tipos pudieron escapar por cualquier lado", agregó la chica.