Domingo 24 de Mayo de 2009
Nick Rossi, de 13 años, comenzó a sangrar por la cabeza tras caerse el pasado viernes en la ciudad de Maryborough, al noroeste de Melbourne (Australia). Aunque parecía estar bien, la madre del niño, Karen, decidió llevarlo al hospital tras detectarle un bulto detrás de la oreja.
En el hospital el niño comenzó a sentirse mal, perdió el conocimiento y tuvo que ser conectado a un respirador artificial. Uno de los médicos, David Tynan, se dio cuenta de que si no se actuaba con rapidez el niño moriría.
Pero en el pequeño hospital no disponen de un aparato suficientemente potente para perforar el cráneo del niño. "Entonces bajamos al departamento de mantenimiento", explicó Tynan.
"Bajo las instrucciones (por teléfono) de un neurocirujano de Melbourne hicimos una incisión en el cuero cabelludo hasta el hueso y luego perforamos con un taladro", añadió.
"Es bastante aterrador, obviamente te preocupas cuando estás... apretando fuerte, pero cuando salió algo de sangre después perforar el cráneo nos dimos cuenta de que se había tomado la decisión correcta", precisó.
El padre del niño dijo que el neurocirujano de Melbourne , luego de la práctica, le comentó que la actuación de Rob Carson, el médico que realizó la perforación, había sido muy valiente y que había salvado a su hijo de una muerte segura. "Y más para haberlo hecho con un taladro casero", aseguró.