"Hice una caída libre en la interpretación", afirma el actor Jorge Marrale
El actor cuenta cómo compuso su personaje en el filme "Maracaibo". Y reclamó una política de fomento del audiovisual.
Sábado 08 de Abril de 2017
La nota arranca con un pedido de disculpas. Un olvido de llaves impidió abrir el cajón en donde estaba guardado el grabador y el reportaje con Jorge Marrale se demoró media hora. Tras la explicación correspondiente se origina un diálogo que es una puerta de entrada al tema central de "Maracaibo", la película de Miguel Angel Rocca, estrenada el jueves, y que sigue en la cartelera rosarina.
Marrale, la máscara del psicoanalista de "Vulnerables" y del padre Mario Pantaleo en "Las manos", ahora es Gustavo en la nueva película de Rocca. Gustavo es un importante cirujano de un hospital, de buen pasar, casado con una oftalmóloga refinada (Mercedes Morán), y son padres de Facundo (Matías Mayer). En la misma semana que descubre que su hijo es homosexual, dos ladrones entran a su casa y en medio del caos uno de ellos dispara y le quita la vida a su primogénito. Esa bala marcará un antes y un después en su vida. Marrale explicará en este diálogo con Escenario que este rol también fue un punto de quiebre en lo actoral.
—Perdón por la demora, por suerte mi hijo me trajo las llaves.
—No hay problema, a veces los hijos nos salvan.
—¿Al ser padre de cuatro hijos cómo se hace para interpretar, sin que te duela tanto, a un padre que pierde un hijo?
—Te diría que es como cuando uno ve a los trapecistas, que uno queda en el aire, como en las viejas películas cuando se volaba sin arnés ni nada. Es como una caída libre en la interpretación. Y aquí Gustavo me generó que toque algo mío, en la fantasía, y también tocás lo que ves, lo que sentís, lo que le pasa a aquellas personas que pasan por eso. Y como siempre la vida es un potencial y hay algo que se suspende adentro sin saber cómo va a resultar, afortunadamente el arte, o al menos algunas variables del arte, te permiten introducirse en eso. Y con la distancia que te permite la interpretación y los vericuetos que tienen los roles, que son distintos a uno en muchas cosas, te sumergís y lo hacés. De todas maneras, siempre es un tránsito de un compromiso emocional muy alto, esa es la verdad.
—¿Qué te motivó de este personaje?
—Me gustó la psicología del personaje. A mí lo que me gustó cuando Miguel (Rocca) me dio el guión es que nosotros teníamos que descularlo a este tipo, porque no se lo descula por las acciones físicas sino por el alma, por lo que piensa, por lo que hace, por cómo acciona con su interior, por dónde va a ir a buscar cierta expiación de su culpa de lo que no pudo hacer. En ese punto el trabajo se puso para mí tan atractivo, tan interesante, porque no siempre tenés la posibilidad de sumergirte de una manera tan directa, tan auténtica sobre aspectos emocionales tan concretos y tan hondos. Gustavo no es un personaje lineal, tiene una complejidad y tiene matices, y transita por lugares que no sabía que iba a transitar, creo que al mismo tiempo él se va a descubriendo a sí mismo.
—¿Y a vos, como actor, "Maracaibo" te permitió descubrirte más?
—Uno nunca termina de descubrirse a sí mismo y creo que es preferible que sea así. Porque creo que parte del deseo de la vida es descubrirse, y uno llega a zonas de ese conocimiento, en hechos felices e infelices. Uno también sigue siendo un misterio, en reacciones, en los sentimientos que se desarrollan dentro de uno. Yo siempre digo que, con tanto tiempo en la profesión, los personajes alguna cuota de conocimiento te dan, aunque no sea práctica. Porque el conocimiento no está en que uno diga yo cambié esto, como si fueras a tocar a un gurú. Pero queda algo, por el ejercicio de poner el cuerpo, y es algo que se imprime en uno, que es la experiencia. Hacer la experiencia de Gustavo no me deja igual que no haber pasado por Gustavo. Hay algo sensible en mí, que vaya a saber en qué parte de la conciencia y del inconsciente estará alojado con ese Gustavo, que algo mío tiene y yo tengo algo de él. Y el público va a pasar por lo mismo, ahí el arte tiene un valor supremo, cuando el espejo, el rebote de lo que sucede en la pantalla, que es ese lugar tan mágico, baja a la realidad del que mira.
—¿Con la grieta cada vez más grande, los actores deben hacer un foco de resistencia cultural o tratar de que el gobierno entienda que hay que abrir caminos hacia un arte más popular y federal?
—Creo que esto último. Hay que darle a entender claramente el potencial y la riqueza que hay ahí. Porque sería un mal negocio no verlo. ¿Cómo es posible que no podamos hacer por ejemplo producción audiovisual para vender afuera? Acordate que la televisión argentina fue pionera en lo que hace a material grabado en este país y vendido en el exterior. Acá tiene que haber una política de fomento del audiovisual, ya que son políticas de Estado, como si fuera el fomento de la industria ictícola o agropecuaria. No puede ser el capricho de un sector, por eso hay que peticionar todo el tiempo. La resistencia te genera una zona de conflicto, en cambio hay que acercarse lo más que se pueda para que se entienda cuál es la verdad de este problema y buscar en el otro un resonante y no un contrincante, de lo contrario no avanzamos. Hay que hacer un esfuerzo mayor, o nos ponemos a laburar para ver si podemos transformar, cada uno desde su postura, o no llegamos a nada. Eso es lo que pienso. Hagamos algo que sea beneficioso para todos, hagamos el intento de que el otro comprenda y sepamos nosotros comprender. Esto es lo viable y creo que nadie tiene que perder con eso la idea de que no va a sustentar su pensamiento político, su historia, su lugar en el mundo. Hay que empezar a integrar de otra manera.