Hernández pervive en esta gesta

Domingo 01 de Marzo de 2015

Escribir sobre el Martín Fierro es una ardua tarea, ya que las mejores plumas de nuestra tierra lo ensalzaron, criticaron, estudiaron, homenajearon y consagraron.

Desde mil ochocientos setenta y pico hasta nuestros días, mucha tinta derramaron los mejores ilustradores vernáculos de todas las épocas y de los más variados estilos y concepciones, que dejaron obras de indudable valor plástico y testimonial de este libro emblemático.

Inolvidables versiones de Castagnino, Alonso, Breccia (hijo), Fontanarrosa, Eleodoro Marenco, Scafati y muchos más.

El renegau. La primera noticia que tuve de este “renegau” fue por boca de mi padre, un criollo de La Paz, Entre Ríos, que lo recitaba de memoria según cuadrara la ocasión.

Está escrito en versos y facilita la forma más bella de la literatura -como prefería Homero, la manera oral-.

Junto a los almanaques de Molina Campos forma parte del tesoro popular que guardamos como estirpe, es nuestro Quijote y nuestra Odisea.

José Hernández pervive a través de gestas como las del Gaucho Beas, que se anima a cabalgar por terrenos transitados y dar su impronta personal al poema. La esmerada edición nos muestra el cuidado y esfuerzo del autor al desplegar la variedad de sus recursos expresivos logrando plasmar una obra inolvidable.

Será sin duda referente de las próximas generaciones que se pongan a cantar al compás de la vigüela.