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Herbie Hancock, luces y sombras de un maestro

Herbie Hancock no comienza ni termina sus memorias recientemente publicadas, “Possibilities’’, recordando alguno de los muchos puntos importantes de su carrera de más de 50 años,

Domingo 23 de Noviembre de 2014

Herbie Hancock no comienza ni termina sus memorias recientemente publicadas, “Possibilities’’, recordando alguno de los muchos puntos importantes de su carrera de más de 50 años, como recibir el Grammy el álbum del año en 2008 por “River: The Joni Letters’’.

   En vez de eso el pianista de 74 años termina la historia de su vida recordando un concierto con el quinteto de Miles Davis hace casi cinco décadas en Estocolmo, Suecia, cuando interpretó lo que le parecía ser un acorde equivocado. El trompetista rápidamente tocó algunas notas que hicieron sonar el acorde bien y desató un sólo que llevó la canción a una nueva dirección.

   Esa noche el joven pianista aprendió una lección importante. “Todos tenemos una tendencia humana natural al camino seguro, hacer lo que sabemos que funcionará, en vez de arriesgarse’’, escribió Hancock. “Pero es la antítesis del jazz, que se trata de estar en el presente ...se trata de confiar en ti mismo, de responder al vuelo. Si te permites hacer eso, nunca dejas de explorar, nunca dejas de aprender en la música o en la vida’’.

   En “Possibilities’’, escrito con Lisa Dickey, Hancock describe su carrera en constante evolución: como un niño prodigio tocando música clásica, como un acompañante del quinteto de Davis de la década de 1960 y como líder de bandas que pasó del jazz fusión con Mwandishi al funk con Headhunters, al hip hop con “Future Shock’’ y más allá.

   Por primera vez Hancock revela en el libro su adicción al crack a finales de la década de los 90 y dice que su familia y su fe budista le ayudaron a superarlo.

   —¿Qué mensaje trataste de transmitir en “Possibilities’’?

   —La perspectiva de tener una vida que esté abierta a las posibilidades ha funcionado para mí incluso en mis horas más oscuras, la razón por la que escribo sobre mis adicciones es porque me di cuenta que podía convertir esos días oscuros en algo positivo para otros. Mostrar que si fui capaz de superar eso tú también puedes hacerlo. ... tienes el poder de crear una vida que está en constante movimiento y desarrollar la valentía de emprender las batallas diarias contra la parte negativa de ti mismo.

  —En el libro describes a Miles Davis como tu “mentor musical’’. ¿Cómo te inspiró?

   —Lo que me encantaba es que Miles nos decía que nos pagaba para trabajar en las cosas, no sólo para perfeccionarlas en nuestra habitación de hotel y tocar para que nos aplaudieran. Quería que trabajáramos siempre en nuevas cosas. Estimulaba la creatividad, y se daba cuenta que cuando llegábamos a un punto teníamos que romper las reglas.

   —Otra gran influencia mencionada es el budismo, que comenzaste a practicar en 1972. ¿Cómo influyó en tu manera de ver la música y la vida?

   —Una de las revelaciones más importantes que tuve al practicar budismo es que lo más importante de mi vida no es ser un músico, es ser un ser humano. Ser un músico es uno de los aspectos de mi vida, también soy un padre, esposo, un ciudadano. Partir del punto de vista de ser un hombre primero es lo que me abrió a una perspectiva emocionante de usar la música para mostrar el gran valor de la diversidad de las culturas que existen en el mundo y cómo incorporar diferentes estilos de música, combinando fuerzas para crear algo que ninguno de nosotros podría crear solo.

 —Cuando creaste la banda Headhunters en 1973, los puristas del jazz te criticaron por venderte ¿Qué te motivó a crear ese grupo?

   —Cuando Sly Stone hizo “Thank You (Falettinme Be Mice Elf Agin)’’ se convirtió en uno de mis favoritos. Incluso aunque tenía esta banda avant-garde, Mwandishi, escuchaba a James Brown y Sly Stone. Crecí en el sur de Chicago, una zona de blues. Escuchaba a Muddy Waters cuando era niño. Para mí hacer un disco como “Headhunters’’ era como regresar a mis raíces. Estaba cansado de hacer música desenfrenada. Tenía la necesidad interior de hacer algo más terrenal. Me arriesgaba, porque era probable que no sumara un público nuevo y ahuyentara al que tenía, pero sabía que debía ser fiel a mí mismo.

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