Jueves 10 de Abril de 2014
El título de esta modesta carta podría parecer irónico, pero es todo lo contrario. Cuando se pierde un clásico, duele sin dudas. Pero, luego del partido me quedó una sensación con doble sentido. Por el resultado, mal, pero, por el resto algo parecido a la alegría. La alegría fue volver a sentir, hace un tiempo ya, a la “lepra” de la gente. Dejar atrás épocas en que los negociantes del fútbol nos hacían creer que NOB era técnicos ajenos, vendehumo, jugadores extraños al club que valían fortunas, piletas olímpicas cubiertas, parrilleros sin socios, en fin, un cascarón vacío en el que habían sido expulsados hasta los héroes más importantes de nuestra historia. Recuerdo con dolor clásicos totalmente olvidables, jugados sin corazón y con un fútbol mediocre, con jugadores y técnicos ajenos (en ambos clubes), los famosos clásicos del “empate”. En este último clásico la entrega, garra, la pasión del Gringo Heinze jugando en una pierna, me colmó de alegría, incluso en la derrota. Ver a un técnico, jugador histórico del club, reemplazando a otro histórico del club, ver continuidad institucional y jugadores que invirtieron la ecuación de las décadas nefastas me fueron devolviendo algo que lentamente se va recuperando, la pasión por el NOB de la gente y no de empresarios del fútbol. Por todos estos motivos, gracias al Gringo, a Maxi, a todos los jugadores, al Tata, a los “arquitectos” de las inferiores, a aquellos dirigentes que recuperaron la esencia de Newell’s; clásicos se van a ganar y perder muchos, pero, si se mantiene esta esencia, la que nos hizo grandes y orgullosos de nuestro fútbol, sin dudas los éxitos que tuvimos, pero sobre todo el buen fútbol que nos gusta, van a seguir repitiéndose por mucho tiempo.
Matías Legrestti
DNI 28.582.673