Domingo 26 de Septiembre de 2010
Tras un día más de actividad laboral en Rosario, en el inicio de una tarde gris regresaba rutinariamente a mi hogar en un colectivo de media distancia por la ruta nacional Nº 33. Todo se desarrollaba de modo normal hasta que al llegar al límite entre las ciudades de Rosario y Pérez, precisamente a la altura del puente del ferrocarril, la monotonía del viaje se vio alterada por el estallido de uno de los cristales del coche producto de una piedra arrojada por alguna mente enfermiza. Los vidrios fueron a parar sobre los pasajeros y el interior del micro se llenó de gritos e impotencia. Detenida la marcha del ómnibus, ya en la ruta, afortunadamente sin heridos y sin nadie a quien pedir ayuda, comenzó a exteriorizarse el malestar y las conjeturas de los pasajeros. El chofer pudo controlar la situación y fundamentalmente mantener la calma. Al radicar la denuncia policial tomamos conocimiento de un hecho similar ocurrido días antes. Seguimos preguntándonos qué pasa con la prevención de este tipo de hechos vandálicos y con la seguridad de los pasajeros. ¿No será tiempo de dejar de hacer tanta burda publicidad y que los funcionarios adopten las medidas correspondientes? El día que ello ocurra los ciudadanos estaremos agradecidos.
Ana María de Luján Ferrari
ana76bis@hotmail.com