Miércoles 18 de Enero de 2012
Con referencia a los graves problemas que se padecen en nuestra ciudad por la deficiencia de los servicios básicos de agua y luz, es importante escuchar a los que deben dar explicaciones y analizarlas para darnos cuenta que se trata de gente que intentan respuestas políticas para problemas que se no resuelven con discursos sino con hechos. Es simple y tan viejo como el mundo: estamos pagando por servicios que no tenemos en forma sostenida ni sustentable. El resto, las causas, la historia de las causas, los orígenes de los problemas, nunca son mencionados en los proselitismos sino con sus soluciones; pero son éstas las que no aparecen, las que no se verifican. En mi caso particular no hago leña del árbol caído -no soy militante más que de la educación- sino que hablo como simple habitante y ciudadano contribuyente, uno como cualquiera que además no tiene forma concreta de oponerse cuando pegan con tarifazos, cuando realizan aumentos, cuando asisto desde la lectura a noticias como que los legisladores nacionales se aumentaron el 20% las remuneraciones; y todo eso a cambio de nada o peor aún , a cambio de vivir cada vez en peores condiciones. Eso se llama atropello. Hoy es el agua y la luz, pero desde hace mucho tiempo y en muchos barrios de Rosario hay necesidades no atendidas relacionadas con la pavimentación, el sistema de cloacas, la buena iluminación, la seguridad. Sin estar en contra de excelentes proyectos como el Puerto de la Música ¿cómo podemos proyectarlo a espaldas de otras necesidades tan básicas no atendidas? Muchos comerciantes debieron cerrar sus puertas, muchos enfermos quedaron sin atender, muchos hogares quedaron sumidos en un calor de 40 grados y sin opción más que sufrirlo y sin agua, muchos tuvieron que dejar de trabajar. Bien, cuando los gobiernos asumen se hacen responsables de gobernar, administrar y obrar en función del bien público, aún en las contingencias y emergencias. Eso es lo que estamos esperando, que el bien público sea un valor para los que nos gobiernan y no sólo un caballito de batalla en las contiendas proselitistas.
Carlos Italiano