Hay transiciones y transiciones
No es lo mismo, de ningún modo, Fein diciéndole a Fein "sigo gobernando" y Bonfatti poniendo una sonrisa diciéndole "bueno, Lifschitz, goberná", que Cristina diciendo: "Mauricio, ganaste democráticamente...".

Miércoles 09 de Diciembre de 2015

Esta semana estará todo resuelto. ¿Qué es todo resuelto? Las tres transiciones: la municipal, la provincial, y la nacional van a estar dando tres gobiernos diferentes en marcha.

El primer gobierno en marcha es el gobierno municipal. En cierto modo es la transición más fácil porque la intendenta en ejercicio, Mónica Fein, pasa su gobierno a la intendenta… Mónica Fein.

Hay allí un punto interesante que es el siguiente. Para esta reelección precisó la ayuda, en las fotos de campaña y en los conceptos, de la señora María Eugenia Schmuck y el señor Pablo Javkin.

El señor Javkin ya está en funciones, como una de las dos espadas, junto con Gustavo Leone, que acompañan ejecutivamente a la señora Mónica Fein. Y la concejala María Eugenia Schmuck exige "bueno, si salimos en la foto porque te íbamos a salvar, la presidencia del Concejo nos correspondería". No ha dicho esta frase, es imaginación del firmante, pero…

El eje de la transición en la ciudad es "Mónica Fein o Mónica Fein" y lo que ha pasado es que entraron Javkin más Schmuck y con ellos es el co-gobierno de los próximos cuatro años. Hum.

En la provincia la situación tiene sus particularidades. Van a la Cámara de Diputados los ejecutores de las políticas de los últimos cuatro años desde el socialismo: el gobernador Antonio Bonfatti y el ministro Rubén Darío Galassi. No descubro nada nuevo si digo que el "rosarino" Bonfatti y el "cordobés" Galassi pertenecen al mismo partido, pero no al mismo colectivo con Lifschitz. Esto es así. Lo sabemos todos los que atendemos a estas cuestiones.

Estarán en una Cámara de Diputados que incluye muchos espadachines de diversos sectores de las políticas partidarias. Será la más politizada de los últimos años. Todos tienen CV partidario y en todos los bloques o mini bloques hay divisiones y acuerdos circunstanciales.

Como sea, este gobierno de Lifschitz es diferente. La cantidad de radicales que ha puesto y en el cargo que los ha situado, harán una historia diferente. Aparecen intendentes y personalidades que no estaban en las otras administraciones y, de hecho, cualquiera sabe, el armado en la estructura de cuadros que puede construir un ingeniero, no es el remedio que recetaría un médico. No es lo mismo.

Esta administración, de Lifschitz, está en las más claras condiciones de conversar con el presidente electo, Mauricio Macri, porque nada tenían que ver, porque nada tenían en contra, y porque nada tienen resuelto; está todo a resolver. Dos ingenieros resultadistas. Es un noviazgo pragmático en el que recién se están mandando cartitas. A los dos les entregan la caja en "menos 10" y a los dos les corresponde el optimismo y los 100 días de perdón. Viva Bilardo.

En la Nación la cuestión es diferente. Macri llega sabiendo que en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en la provincia de Buenos Aires, en la provincia de Santa Fe, en la provincia de Córdoba, en la provincia de Mendoza, donde está el 70 por ciento de la población y cerca del 70 por ciento de PBI de la República Argentina, los votos dijeron "Cristina adiós." Cuando llegó el momento el frente Cambiemos le ganó al Frente para la Victoria. ¿Y cómo le ganó? ¡Con votos! El frente Cambiemos, que es un frente de derecha popular, le ganó por mayoría simple de sufragios al Frente para la Victoria, de modo que la circunstancia que aparece el 11 de diciembre es que la derecha democrática, en la República Argentina, llega al gobierno por mayoría simple de sufragios. Pero, ay, ay, ay, no tiene mayoría legislativa, no señor. Un gobierno de derecha con mandato popular. Anotemos la fecha. Diciembre de 2015.

Tendrán cuatro años para fumarse eso, los compañeros del Frente para la Victoria, si es que sobreviven cuatro años y antes no hay una diáspora, los peronistas vuelven al peronismo, los de una izquierda un poco más virulenta a un sitio más virulento, etc, etc, etc.

La transición en el gobierno nacional, como corresponde a una monarquía atenuada, no fue fácil, estuvo llena de trampitas, de histerias, de venganzas, de odios, sin resolver la cuestión elemental.

Si acá apareció una derecha democrática que ganó por simple pluralidad de sufragios, acá tendría que aparecer una izquierda democrática que diga "yo no voy a robar, yo no voy a corromper, yo no me voy a meter con la justicia, yo no voy a poner mayoría automática en Cámara de Diputados, yo no voy a botonear usando los servicios de inteligencia, yo no voy a matar a los fiscales que me acusan, no me voy a enriquecer desde la función pública, no seré Boudou ni Calafate, yo voy a ser adulto y armar un partido de centro izquierda para meternos en el siglo XXI y ser gobierno otra vez". Es necesario advertir que el siglo al que referimos está en el presente y el porvenir, que 1970 es definitivamente el pasado y que, Gardel mediante, es fácil resolver el asunto: "Es solo un fantasma del viejo pasado, que ya no se puede resucitar".

Hay transiciones y transiciones. No es lo mismo, de ningún modo, Fein diciéndole a Fein "sigo gobernando" y Bonfatti poniendo una sonrisa y diciéndole "bueno, Miguel Lifschitz, goberná", que Cristina diciendo: "Mauricio, venciste democráticamente, sos el presidente constitucional de la República Argentina, bienvenido a casa". Hay transiciones y transiciones, pero un solo territorio. Un solo sueño. Un solo ruego.