Hay que proteger a los testigos
Testigos valiosos hay en Rosario. Son dos. Miran por encima de un cerco formado por afiches publicitarios que tratan de ocultarlos, resguardarlos, cubrirlos o ignorarlos.

Martes 03 de Febrero de 2015

Testigos valiosos hay en Rosario. Son dos. Miran por encima de un cerco formado por afiches publicitarios que tratan de ocultarlos, resguardarlos, cubrirlos o ignorarlos. Sus rostros fríos, como de cemento, atesoran secretos. Debajo de esos mascarones, hasta no hace mucho tiempo existió en el local de San Martín 631 un templo para el arte, la Galería Krass. Un espacio inigualable que tuvo Rosario donde, además de la noble tarea de exhibir y ofrecer obras de relevantes artistas plásticos, fotógrafos, escultores y talladores, se desarrollaron presentaciones de libros, recitales de música, conferencias y charlas sobre arte de amplio valor intelectual acerca de la tónica de nuestra pintura o la problemática de pintores y sus formas expresivas. En la trastienda, eran frecuentes las reuniones de los más calificados protagonistas del arte y la cultura nacional. Artistas plásticos, escultores, talladores, coleccionistas, dramaturgos, actores, escritores, poetas, intelectuales, profesionales, diagramadores y humoristas se daban cita allí manteniendo largas charlas con el titular de Krass, Gilberto Krasniasky, pionero en la actividad, además de actor, director y fundamental luchador del teatro independiente. Cuando crecieron, sus hijos se sumaron a la actividad de la galería de arte. Los mascarones eran caras de piedra u otro material, de influencia europea, usados para la decoración de edificios. Nuestra ciudad tiene como patrimonio una invalorable cantidad de edificios que asombran por su estilo arquitectónico. Los mascarones que aún permanecen en la parte superior de esta casa, quizás para algunos no tengan relevancia, pero constituyen parte del patrimonio de la ciudad y marcan una etapa de la historia cultural. Debajo de ellos, las vidrieras exhibían obras que invitaban a todos a entrar a ese espacio. Nos vamos acostumbrando a la constante acumulación de cambios que se registran en la ciudad y en la vida cotidiana. El traslado de la galería de arte dejó en el edificio una señal para que esos símbolos sean preservados en el lugar que están, por sus futuros ocupantes o donde lo estimen conveniente el organismo de preservación. En esa espera están los testigos de esta historia. Porque esos mascarones guardan el espíritu de los que pasaron por allí. Quizás la nostalgia nos devuelva por unos minutos, frente a esa casa, las imágenes de Uriarte, Vanzo, Carlos Alonso, e incluso el mismísimo "Cachilo", el poeta de los muros, a quien Gilberto solía comprarle comida para que almorzara. A los testigos de la memoria hay que protegerlos. De no ser así, nos daría pena, y como apuntara el escritor Mario Benedetti "…si se estudia la historia de la historia, se verá que en las malas o en las buenas, las penas siempre buscan la victoria". Los testigos también.

Albino Serpi / DNI 6.007.603