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“Hay que creer en las historias que uno está cantando”, sostiene Diego El Cigala

El cantaor flamenco explicó por qué decidió versionar clásicos del tango y el folclore argentino. El viernes se presenta en Rosario.

Domingo 26 de Enero de 2014

Hace diez años, Diego el Cigala se convirtió en un fenómeno difícil de catalogar. “Lágrimas negras”, el disco que grabó junto a Bebo Valdés por esas jugadas del azar, traspasó las fronteras y se transformó en un éxito internacional: vendió miles de copias, ganó un Grammy y fue bendecido por la crítica del New York Times. Después de ese ciclón que lo puso de golpe en el mapa musical mundial, el cantaor flamenco aceptó nuevos desafíos sin amedrentarse. En 2010 editó “Cigala & tango”, y el año pasado selló su vínculo con la música argentina con “Romance de la luna tucumana”, un álbum en el que versiona tangos como “Los mareados” y “Por una cabeza”, y también se anima al folclore en clave flamenca, renovando temas clásicos del género como “Balderrama”, “Déjame que me vaya” o “Canción de las simples cosas”.

   Este es justamente el repertorio que El Cigala traerá el próximo viernes al City Center, además de sus conocidos boleros y coplas. El cantante español estará acompañado por una sólida banda integrada por Diego García “el Twanguero” (guitarra), Jaime Calabuch “Jumitus” (piano), Yelsy Heredia (contrabajo) e Isidro Suárez (percusión). En charla telefónica con Escenario desde República Dominicana, donde vive actualmente, “la voz” del flamenco contó por qué se enganchó con el tango y el folclore, habló de la “responsabilidad” del éxito y admitió que decidió irse de su país por “la depre” que generó la crisis.

   —En “Romance de la luna tucumana” volvés al tango y también incursionás por primera vez en el folclore argentino. ¿Qué es lo que te atrapó del folclore?

   —Me encanta su sonido y lo añejo que es. También me llaman la atención los ritmos y las pausas que tiene. Yo siempre intento hacer las cosas teniendo mucho respeto por las grandes músicas, y conforme vayan a la manera mía de cantar. El tango y el folclore tienen eso que tan bien se lleva con el pueblo gitano: es música del alma, música de verdad. Lo mismo me pasó con la música afrocubana. Me he sentido supercómodo grabando temas como “Los mareados”, “Milonga de Martín Fierro” o “Romance de la luna tucumana”. De alguna manera les he encontrado la vuelta. Si yo los hubiera cantado en un flamenco jondo eso no hubiera cuajado, hubiese sido un error gravísimo. Yo he buscado darle una interpretación a los temas. Hay que creer en las historias que uno está cantando y llenarlas de música.

   —¿Qué tiene que tener una letra para que vos elijas cantarla?

   —Tiene que tener emoción, tiene que tener pegada, ya sea trágica o alegre. Yo me fijo en los sentimientos de la letra, que sean profundos. La letra de “Balderrama”, por ejemplo, me dejó superherido emocionalmente. La primera vez que yo escuché ese tema fue en la película del Che de Benicio del Toro. Cuando termina la película aparecen los créditos y sale cantando Mercedes Sosa. Y ahí fue donde sentí la llamada para cantar esa canción, que en realidad es un homenaje a la gran Mercedes.

   —En este disco aparece el sonido de la guitarra eléctrica de Diego García, que tocaba en la banda de Andrés Calamaro. ¿No te dio un poco de miedo, en un principio, reemplazar la guitarra más tradicional por la eléctrica?

   —No tenía miedo, pero estaba inquieto. Sin embargo, desde que escuché ese sonido con mi voz yo me dije: “Tú lo sigues”. Es un sonido muy de verdad, cercano a lo que es el rock and roll, a lo que es el blues y el jazz. Es un sonido de los años 50, muy americano, pero también tiene ese toque de paso fronterizo del desierto mexicano. Este sonido no se había dado nunca ni con el tango ni con el flamenco, y a mí me gusta tomar esos riesgos cuando son compatibles, de lo contrario lo hubiese abandonado en el momento.

   —¿El flamenco es adaptable a todo o hay géneros con los cuales no va?

   —Con algunas cosas no va. Yo me veo cantando boleros rancheros, como los de Javier Solís, pero no podría cantar una ranchera, eso se lo dejo a los grandes. Tampoco cantaría merengue, que es un estilo respetable y muy bonito, pero adaptarlo sería complicado. Y cuando hablan de flamenco pop yo no estoy de acuerdo. El flamenco se sostiene por sí solo y no necesita fusionarse con nada, salvo que suceda un milagro, como lo que nos surgió con Bebo Valdés. Para esas cosas no puedes forzar la máquina, están ahí, y si llegan es porque tienen que llegar.

   —¿Y con el rock qué pasa?

   —En los años 70 estaba el grupo Triana, unos andaluces que eran buenísimos y hacían flamenco-rock. Pero era rock más del tipo progresivo, no era rock and roll, son cosas distintas. Yo creo que no me metería con el rock (risas), no, justamente por eso de que tengo un gran respeto por las grandes músicas.

   —¿Alguna vez sentiste la presión de repetir un éxito como el de “Lágrimas negras”?

   —No, de verdad que no. De todas maneras siempre sentí mucha responsabilidad por el listón donde se quedó el disco. Han pasado diez años y todavía hay gente que viene y me cuenta historias sobre “Lágrimas negras”. Pero si yo hiciera la música en ese sentido, bajo presión, entonces no llegaría como le llega a la gente. Yo le dedico el mismo amor y el mismo cariño a todos mis álbumes. Y cuando termino con un trabajo me olvido y ya me pongo con el siguiente. Pero si es verdad que es difícil encontrar discos como “Lágrimas negras”, discos que no se han quedado atrás, que han ido evolucionando con las escuchas. Yo he ido evolucionando desde el día en que conocí a Bebo. Cuando lo conocí a él descubrí a mi héroe.

   —¿Por qué decidiste irte a vivir a República Dominicana?

   —Porque me gusta mucho Latinoamérica, soy un apasionado de esta parte del mundo. Además este es un punto estratégico, porque tengo todo más cerca: México, Miami, Nueva York, Colombia. Así el tema de las giras no se hace tan estresante. Y a España vuelvo cuando quiero.

   —¿Extrañás España?

   —Y sí, un poco sí. Extraño a mis grandes amigos, a mi madre, a mis hermanos, pero te confieso que no mucho más (risas).

   —¿Te fuiste por la crisis ecómica y social que vive el país?

   —No fue exactamente el motivo, pero en parte sí. Me fui por la depre de la gente, por la situación que se vive allí, que es innegable. Yo estaba trabajando igual, a mí me va bien. Pero no es fácil salir a la calle y ver que hay millones y pico de parados, que no se mueve nada, que la clase media va desapareciendo y que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Eso te deprime. Yo tengo grandes amigos, grandes músicos que están pasando por un momento difícil, y mucha gente se está yendo de España. Esperemos que con el tiempo se pueda revertir la situación, porque es un país maravilloso. Ustedes (los latinoamericanos) ya han atravesado varias crisis, así que mejor que ustedes no lo sabe nadie. Pero también es cierto que se puede salir.

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