Martes 24 de Junio de 2014
Creo que Gustavo Gaona, vocero de la Cámara de Transporte de Larga Distancia (CTLD), debiera hacer memoria cuando dice que no se puede competir con los subsidios del Estado al tren Rosario-Buenos Aires. Cuando Menem eliminó los trenes de pasajeros y privatizó los de carga los empresarios del transporte automotor se cuidaron de opinar. Sabemos que ese cierre significó que más de 100.000 empleados quedaran sin trabajo, que centenares de pueblos se vieran sin un transporte que, vistos los resultados, no pudo sustituir ni el ómnibus ni el camión. Y cuando en algunos casos lo hicieron, el servicio se encareció escandalosamente y sin alternativas, en razón del nuevo monopolio generado por el automotor. Por supuesto que el ferrocarril y el ómnibus deben ser complementarios, como se dice en la nota. Pero lo que apareció entonces y perdura hasta hoy es el absurdo predominio del automotor, incluso en distancias que, según lo estándares mundiales, corresponden estrictamente al modo ferroviario. Esto último es lo válido en los países del llamado primer mundo, cuyo tronco de transporte son los trenes, y buses y camiones son tributarios de éstos. Países en los cuales se construyen miles de nuevos kilómetros de vías por año. La Argentina sufrió un enorme retroceso con la casi eliminación de los ferrocarriles. Asistimos al absurdo de que, al transportar una tonelada de limones de Tucumán a Buenos Aires por camión, se usa, por más de 1000 kms, un medio cuyo costo en combustible y personal casi duplica la tarifa ferroviaria. A eso se añade que, al volcarse masivamente buses y camiones a las rutas en 1993 (año del “menemazo” antiferroviario) transformaron a éstas en sitios de gran peligro para la circulación, haciendo un grueso aporte a que Argentina conserve los primeros puestos mundiales en víctimas fatales por cada 1.000 vehículos. De esta transformación retrógrada, los mayores beneficiarios han sido las grandes empresas automotrices y los monopolios petroleros. Y los perdedores la gran mayoría del pueblo: chacareros chicos y medios, industriales nacionales, productores en general, que han visto elevarse absurdamente los costos de sus insumos a causa del transporte. También obreros y empleados que viajan a diario a sus trabajos, turistas cuyos pasajes están a precios altísimos, lo que los obliga a reducir sus estadías y gastos generales. Etcétera, etcétera. Por lo tanto urge reponer al ferrocarril como medio central de movilidad. Y, desde ya, reubicar al medio automotor en el medio urbano, local y regional para eficientizar sus servicios a un costo accesible. Ya que no se trata de “destruir al ómnibus”, como dice Gaona, sino de sacar de su estado de destrucción al modo ferroviario, que fue ferozmente atacado y depredado, el cual es considerado hoy mundialmente, como la estrella del transporte terrestre. Y, por supuesto, habrá que reemplazar, en muchos lugares ómnibus por trenes. Así lo indica el sentido común, la ciencia económica y la marcha del progreso. Pero ese reordenamiento reactivará a toda la economía y las grandes mayorías se verán beneficiadas. Al mismo tiempo es criticable la política ferroviaria actual, que, luego de más de 10 años de inacción apela a compras masivas de material chino sin considerar su producción por la industria nacional, la cual tiene valiosos antecedentes en este rubro, tanto que logró ser uno de los proveedores principales de vagones en América latina. Ni siquiera se ha recuperado la producción de rieles ya que el desguace de Somisa en este ítem no se ha retrotraído ni parece que vaya a hacerse en el corto plazo.
Abel Cossani / emiju62@yahoo.com.ar