Domingo 02 de Marzo de 2014
"El Carnaval ha sido acorralado y mal visto por los sectores dirigentes y solamente mantenido por los populares, aquellos que por lo general no tienen otra forma de expresarse ni divertirse", señala la antropóloga Alicia Martín. Aunque en 1976 la última dictadura cívico militar anuló los feriados de Carnaval y recién en 2011 fueron reincorporados por decreto presidencial, no pudieron callar la celebración a pesar de los reiterados intentos de silencio. Y eso, destaca, es porque en "cada barrio quedaba siempre algún grupo de muchachos alegres, de jóvenes soñadores que mantenían viva la llama insolente y desafiante y la rebelión de los cuerpos". De ahí su carácter popular y de libre expresión.
Coco Romero, histórico murguero porteño, investigador y director de la revista El Corsito, argumenta que "el Carnaval es el ingreso a las bellas artes de nuestros sectores populares".
En este sentido, advierte en la responsabilidad de la murga: "Confluyen disciplinas artísticas y el buen manejo de ellas puede llenar un espacio de expresión muy importante para este pueblo". "En cualquier Carnaval, un niño puede divertirse y hacer una canción y estar haciendo un ingreso a la palabra. La murga no viene como un asistencialismo para tomar la leche, la murga es eso y algo más, es que las personas crezcan, que puedan leer la realidad y eso es formarse para ser un buen ciudadano", opina.