Miércoles 12 de Junio de 2013
La tarde del lunes 10 de junio empieza a cederle su espacio a la noche quiteña y su teléfono anuncia la llegada de un mensaje. “Es Mariano, que quiere que pase por el vestuario para darme su camiseta”. Unos quince minutos después el mismo móvil se convierte en handy y del otro lado se oye una voz jovial con tono ecuatoriano. “Gracias profesor, recién terminamos de cenar, estamos muy bien y atento a lo que trabajamos”, quien recibe como respuesta: “Dida, sabés que quiero que gane Argentina pero también quiero que no te hagan goles”, frase que recibe una risa como contestación ante la ocurrencia de definición de los sentimientos encontrados en la previa del partido disputado ayer en el Atahualpa.
Mariano es Andújar. Dida es Domínguez. Arqueros de las selecciones de Argentina y Ecuador. Y ambos con un entrenador específico que es el protagonista de esta historia, el rosarino Gustavo Flores, actual preparador de arqueros de Liga de Quito, quien desde hace cuatro años llegó a esta ciudad de la mano de Edgardo Bauza y José Di Leo, quienes confiaron en él y recibieron como respuesta a esa confianza un trabajo de jerarquía.
Flores atajó en Huracán y luego emigró a Libertad de Paraguay para después defender en Chile los arcos de San Felipe y Unión Española, donde a los 26 años una lesión de tobillo lo detuvo por un tiempo y ahí decidió seguir como entrenador de arqueros, profesión que lo hizo un especialista.
En el 2000 trabajó en las inferiores de Central, cuando Daniel Teglia era el coordinador, hasta que lo llamaron a colaborar en la primera división de 2004 hasta 2006. En 2007 fue a Independiente Rivadavia con Cacho Sialle como DT, donde coincidió con el Patón Guzmán, actual portero de Newell’s. En 2008 integró el cuerpo técnico de Roberto Sensini en Estudiantes. Luego puso una academia de arqueros en Rosario que dejó por su viaje a Quito en 2010.
“Domínguez es un arquero que tiene unas condiciones físicas y atléticas impresionantes, en 2011 tuvo su salto de calidad, cuando comenzó a solidificar su temperamento porque era un chico tímido, y es en este aspecto donde pusimos más énfasis para potenciar sus virtudes. Fue ese año cuando es convocado a la selección ante la inminente salida de Cevallos, quien hoy es ministro de Deportes”, cuenta Flores sobre Dida. “Le pusieron Dida por su parecido, aunque físicamente es más delgado que el brasileño”, agrega.
Con respecto a la notable evolución que tuvo Domínguez, relata que siguen perfeccionando “el mano a mano”, al tiempo que resaltó que tiene unas condiciones atléticas notables y una potencia y flexibilidad de piernas que le permiten estar a la altura de los mejores arqueros.
Cuando comienza a recorrer los arqueros, Flores resalta el año con Andújar en Estudiantes, a quien considera una persona extraordinaria. “Mariano es un militante del laburo, con una personalidad admirable y siempre dispuesto a aprender cosas”, describe.
Flores habla y exhibe análisis impresos con un seguimiento partido tras partido de los arqueros con los que entrenó y actualmente trabaja. Con la tecnología de turno cuenta con software que le tabula y diagnostica cada función, por eso a medida que carga los guarismos se programa la rutina cotidiana.
A su vez tiene un impresionante archivo de imágenes y diseñó su propio estudio de comportamiento en la ejecución de penales, todo en función de evaluaciones de los movimientos.
En su derrotero menciona con afecto a Cristian Alvarez, Torrico, Ignacio Don, Ojeda, Broun, Galíndez y al propio Guzmán, de quien afirmó: “Se lo veía con una enorme proyección, yo trabajé con él cuando era suplente de Vivaldo en Mendoza, íntimamente pensé que con la maduración se convertiría en un muy buen arquero y cuando lo veo me alegro mucho por cómo creció con el juego con los pies, sin dudas que será de selección por este camino”.
Vivir en Quito. Gustavo Flores explica que la adaptación en Quito no le resultó tan complicada porque llegó con Edgardo Bauza y José Di Leo, aunque lógicamente todo se le hizo más simple “cuando Claudia se instaló aquí para vivir en familia, la que se agrandó con la llegada de Thiago”, el hijo ecuatoriano que nació en enero de 2012.
“Es indudable que con el acompañamiento familiar la cosa se hace más llevadera y cuando me preguntan qué extraño la respuesta sale rápidamente: las reuniones con los amigos y, por supuesto, Central”.
La vida social aquí es muy diferente, no es un hábito, pero entre argentinos buscan la forma de juntarse, por eso Gustavo y Claudia coinciden en el restaurante de Cristian Botero, un oriundo de la cordobesa San Francisco que supo jugar en las inferiores de Newell’s.
Flores cuenta como anécdota el fin de año de 2011, donde el obstetra de Claudia, por la inminente llegada de Thiago, los invitó a recibir el 2012 en su casa. “Aquí las costumbres son diferentes, porque en la noche del 31 queman un muñeco simbolizando la despedida de lo viejo y a la medianoche te dan una vela con 12 uvas como en España, y yo casi me las como porque tenía un hambre bárbaro, la miraba a Claudia y pensaba cuándo comemos. Con la llegada de las 12 cada uno leía cartas que le mandaron los familiares y meta fuegos artificiales, pero de comer ni hablar. Por suerte a eso de la 1 y media apareció el pavo con las ensaladas, así que si te invitan a pasar fin de año comé algo antes en tu casa”, relata Flores, entre risas al tiempo que destaca la calidad profesional del obstetra.