Jueves 05 de Julio de 2012
La admiración de los hombres realmente grandes es con frecuencia fuente de inspiración. El ejemplo de quienes han sobresalido por sus grandes pensamientos y sus grandes obras parece crear en torno nuestro una atmósfera más pura y sentimos como si nuestras miras se fuesen elevando, despertando en nosotros el deseo de imitarles. Aunque estemos muy lejos de alcanzar sus méritos, nos sentiremos guiados, sostenidos y fortificados por quienes viven hoy una vida universal y nos hablan desde sus tumbas invitándonos a seguir las mismas sendas que ellos recorrieron en su paso por este mundo. Invitación que difícilmente será aceptada por los espíritus mezquinos, que nada pueden admirar de corazón. Ni por los pobres de espíritu, que menosprecian a los grandes dedicándose a buscarles defectos, y descubrirlos es su mayor consuelo. Dijo Charles Augustín Sainte-Beuve (crítico literario y escritor francés del siglo XIX): " Decidme a quién admiráis y os diré lo que sois, por lo menos en aquello que concierne a vuestros talentos, vuestros gustos y vuestro carácter. ¿Admiráis a los hombres mediocres? Es porque tenéis una naturaleza mediocre. ¿Admiráis a los hombres ricos? Es que vuestro espíritu es mundano. ¿Admiráis a los hombres con títulos? Es que sois un adulador o un parásito. ¿Admiráis a los hombres honrados, valientes y viriles? Es que sois de naturaleza honrada, valiente y enérgica".
Carlos Alberto Parachú,
DNI. 6.012.558