Martes 27 de Marzo de 2012
Que desafortunada es la palabra cuando con el peso de una autoridad genera distinciones. Cuán más desafortunada es cuando está dirigida a plantear diferencias culturales, de nacionalidad, de credo, de sangre. Sin embargo, qué reacción tan contraria genera en el destinatario de esta. Qué sensación extraña de felicidad produce el pasar revista a lo que uno, su familia, amigos, compañeros, vecinos, son por tener un rasgo que no diferencia y que por contrario, caracteriza. Qué hermoso es pertenecer a una cultura ancestral, defensora de valores y derechos humanos, víctima de innumerables persecuciones, atrocidades y genocidios, bandera de la paz mundial, cuna de grandes mentes y corazones que tanto dieron por la humanidad y de pequeños grandes hombres y mujeres que la supieron y saben remar contra la corriente para lograr un mejor futuro. Cuánta emoción me da tener eso en la sangre, recordar a mis abuelos, mirar a mi madre, a mis hermanas, y saber que mi hijo lo tiene también en sus venas y por generaciones incontables persistirá. Por eso gracias señor secretario de Comercio Interior por recordarme que agradezca a Dios todos los días por ser lo que usted se dignó de llamar un polaco pelotudo más.
Ignacio A. Mitidiero Wieckowski / DNI. 27.217.274