Lunes 12 de Julio de 2010
Que linda sorpresa conocerlas. Visito a diario a un familiar en un residencial geriátrico. El pasado viernes por la tarde me recibió, desde la puerta de calle una suave algarabía de cantos. Canciones antiguas y muy populares. Un grupo de señoras mayores, alegremente vestidas con sombreritos adornados con flores, cantaba con amplias sonrisas dedicadas a las oyentes. Nada de coro formal, se paseaban entre las residentes mirándolas con picardía en medio de alguna ranchera atrevida (para la época de las abuelas). Algunas abuelas hasta se unían con débiles voces a esos cantos que en su juventud las habrán acompañado desde una radio. Un tango, un chamamé, un pasodoble. Todo era bien recibido. Y las abuelas no solo aplaudieron. Les agradecían con verdadero sentimiento cuando pasaban al lado de sus sillas de ruedas (que muchas tienen), y expresaban que habían pasado un rato distinto. La monotonía de sus días había sido alterada para bien. Aún el lunes, una muy viejecita, seguía cantando con memoria increíble, algunos tangos. Magnífica actitud la de estas señoras. Sigan "donando" un bien irrecuperable: un pedacito de su tiempo, lo más valioso que tienen, porque eso es como decir que dieron un poquito de sus vidas. Tengo 69 años. Por edad, algunas de estas leonas están como yo, más cerca del lado de adentro del residencial, que del lado de afuera. Pero ponen toda su energía y alegría al servicio del prójimo. Ojalá todos los que estamos todavía afuera aprendamos algo de estas actitudes que no tienen publicidad.
Rosa Larrea, LC 3.901.399