Martes 08 de Diciembre de 2015
Fuimos al último día de clases de un año largo, de este tercer grado, donde notamos el esfuerzo de nuestro hijo. Era la última clase con presencia de los padres, dos terceros, dos maestras, algunos contenidos vertidos por nuestros párvulos. Todo previsible y organizado, algunos más atentos, otros saboreando ya las vacaciones, era una jornada benevolente de mutuos agradecimientos, pero de pronto ocurre lo imprevisto: una de las "seños", desea terminar su alocución con unas palabras hacia los niños, se le quiebra la voz, vuelve a intentarlo y la emoción le inunda los ojos, lo que dice es casi inaudible. No puedo precisar con exactitud el momento pero algunos de estos sabios en miniatura se levantan para abrazarla, el gesto se multiplica y una marea de afecto invade la humanidad de nuestras seños, los padres asistimos emocionados a la renovación de este rito. ¡Qué recuerdo y qué lección! Seños Marisa y Marcela, simplemente gracias.
Mario Romeu / DNI 14.287.243