Miércoles 24 de Abril de 2013
Domingo, 10 de la mañana. Mate, La Capital (papel), cielo luminoso y hojas hermosas cayendo de la enredadera de mi patio. Llego a página 10 y leo “Las pinturas diferentes de un artista de 37 años con síndrome de Down”. Devoro el artículo, inevitable con la prosa llevadera y cálida de Laura Vilche. Me impacta, me moviliza y me hace saltar de la silla como un resorte para trasladarme a la compu y agradecer. Qué bien que me hace agradecer. A la Musto, a Laura, a La Capital. Pero sobre todo a Leonardo Carrió y su ejemplo de compromiso vital. Una familia amorosa y comprensiva. La Musto, escuela contenedora, abierta y renovadora −acá en Rosario, a la vuelta de la esquina− y un modelo de persona. Ellos generaron la virtuosa trilogía. Leo bromea sonriendo y dice “Yo soy Leonardo... Da Vinci”. Con sus “flores, frutas, rostros, formas, texturas... y paisajes”, Leo exhibe lo mejor de la condición humana. Neutraliza la acidez y malestar que producen los enfrentamientos egoístas y estériles. Nos ayuda a seguir hojeando el diario sin fruncir el ceño o insultando por lo bajo cuando las declaraciones altisonantes de los “protagonistas de turno” nos golpean como un puñetazo en la panza. Me tienta seguir. Pero creo que está todo dicho. Gracias.
Susana Marta Tealdi / DNI 5.588.201