Lunes 29 de Noviembre de 2010
Era media tarde del sábado 6 de noviembre, Barba hacía su paso de rutina por el viejo Hospital Provincial y le llamó la atención un grupo de gente que estaba amontonada rogando y pidiendo por alguien; había hijos, amigos, amigas, todos muy queridos y como buen criollo paró la oreja y escuchó –es el cabezón, es papá, es Emilio que se está muriendo–. Y sí, había ido a jugar a la pelota y me estaba dando un infarto, y créanme que les digo de verdad me morí. Pero no se apuren porque ahora viene lo verdaderamente interesante. Enseguida Quijano con su pelotón de galeros tomó manos en el asunto y según me cuentan los hice trabajar bastante y fue una pelea dura pero por suerte ganó la pericia de los médicos, la fuerza de mis seres queridos y la poderosa ayuda de ya sé imaginan quién. Pero presten atención a esta parte porque ni yo la creería si no la hubiera vivido personalmente. Después de varios días inconsciente me despierto en la UCI del Provincial, por favor, ¡que gente! Me emocionó hasta las lágrimas pensando cómo contarles todo lo que viví y me hicieron vivir. Cuánta contención que encontré, cuánta ternura, cuántas ganas de ayudarme a volver a vivir. ¿De quiénes hablo?; de médicos, enfermeros y enfermeras, de mucamas, de todos. Chicas y chicos jóvenes, alegres, inteligentes, sagaces con un promedio de edad que sorprende por lo bajo. A todos muchas gracias.
Emilio Meglio