Martes 31 de Marzo de 2009
El jueves, al salir de mi trabajo, un amigo me pasó a buscar para ir a cenar a una parrilla de avenida Pellegrini. Horas antes me dirigí a pagar el alquiler de mi casa pero la inmobiliaria había cerrado; o sea, mi billetera estaba bastante cargada. Ya en la cena, el amable mozo me pregunta: "¿Señor, esta billetera es suya, se le ha caído?". Agradecí, la guardé y me fui a dormir. Grande fue el susto cuando a las 2.30 sonó mi celular. Era el encargado de la misma parrilla, estaba en la puerta de mi casa y con mi billetera en su mano. Por favor, cuente el dinero, me dijo. Yo no lo podía creer, se me había caído por segunda vez y Roberto, el mismo mozo, se la dio a su encargado y éste me la trajo hasta la puerta de mi casa con todo su contenido intacto. No hay palabras para agradecer el gesto. Son un ejemplo.
Marcelo Bustamante