Gracias catalanes
Hace 12 años decidimos junto a mi pareja irnos del país que nos vio nacer a buscar una oportunidad que Argentina nos negaba. El destino: Cataluña. Y no fue fácil, vaya que no. Esa angustia...

Viernes 27 de Julio de 2012

Hace 12 años decidimos junto a mi pareja irnos del país que nos vio nacer a buscar una oportunidad que Argentina nos negaba. El destino: Cataluña. Y no fue fácil, vaya que no. Esa angustia sólo la conocen los que la vivieron. Dejarlo todo, perderlo todo, y encontrarse literalmente "extraviados" en un país ajeno, extraño; desgarrados por dentro por estar lejos de los que se aman. Y todo esto no se supera sin el apoyo y el respaldo de otros. Catalanes, amigos, quienes con su generosidad y desinterés ayudaron a que el vacío no fuera tan hondo y doloroso. Quienes nos dieron una lección hermosa de gentileza, de lo que significa ayudar sin esperar nada a cambio, a no discriminar, a dejar olvidados los prejuicios que llevamos de estirpe los argentinos, a disciplinarme, a educarme; a respetar los espacios que eran de todos, que compartíamos todos los días argentinos, españoles, chilenos colombianos, uruguayos, demás europeos. Y a respetar sus reglas, "la viveza criolla", la trampa, allá "no cuela" (aunque muchos de los nuestros se las ingeniaron para hacernos quedar mal). En 10 años, de los miles de españoles que traté me sobran los dedos de una mano para contar las veces que me llamaron "sudaca". Ignorantes hay en todos lados. Los inmigrantes mantuvimos por años el nivel de natalidad y el sistema de seguridad social en España. Mis hijos nunca fueron "los hijos de sudacas", fueron "els nous catalans" (los nuevos catalanes). Y es verdad que deberíamos endurecer los requisitos para ingresar a nuestro país; pero la culpa no es de los países que están más organizados y nos limitan la entrada, La culpa es nuestra, ¿pero cómo pedir que se legisle al respecto si las leyes no se respetan? ¿Cómo pedir por ende que elijamos bien a nuestros gobernantes si nos piden reciclar y ni siquiera nos instruyen como hacerlo? Si vamos a la plaza y no hay un juego sin que esté destruido; si vamos al hospital público y la decadencia nos clava en el pecho, la impotencia de ver cómo destruimos lo nuestro, cómo no apreciamos los argentinos lo que tenemos y es de todos. Si caminamos por las veredas sorteando obstáculos, cuando no es un bache, es un regalo pegado en nuestros zapatos. Y sí, salté del barco. El irme me abrió los ojos, me impulsó a querer mejorar, a no ver más allá de las limitaciones a las que los gobiernos de turno te someten, y volví a casa (no sé si hice bien), a invertir en mi país el esfuerzo de años en otra tierra, España. Y me traje conmigo algo que aquí falta a gritos: cultura y educación. Y digo gracias por eso. ¡Visca catalunia, moltes gracies per tot!.

DNI 21.985.684