Lunes 07 de Marzo de 2011
Deseo hacer llegar, por intermedio de esta carta de lectores, mi profundo agradecimiento, en mi nombre y el de toda mi familia, a los médicos del Hospital de Niños Vilela y al personal del Sies que interviniera en ocasión del desgraciado accidente que motivó el fallecimiento de mi nieto primogénito Santiago, de 2 años de edad. Soy enfermera profesional y desde hace 18 años trabajo en el ámbito provincial con gerontes y enfermos terminales. Ha sido y es mi vocación. La muerte y sus secuelas no me son desconocidas. La contención la he practicado, desde un lado del mostrador, por más veces de las que quisiera acordarme. El oficio de enfermera también. Y he compartido con decenas de médicos la lucha entre la vida y la muerte en que se empeñan cotidinamente. Ergo, creo estar calificada para abrir mas o menos justamente, juicios de valor, mas allá de ser actriz secundaria, en jerarquía, que no en dolor, en el drama que me afectó y aún me conmueve. Y desde mi subjetividad por ello, puedo apreciar cuánto amor, cuánta profesionalidad, qué jerarquía y cuánta suerte hemos tenido, tenemos, al contar con los médicos, enfermeros, camilleros, ambulancias y auxiliares todos que intervinieron en el accidente de mi nieto muy querido, al que no pudieron remediar en el Vilela. Sus esfuerzos, su saber al servicio de la vida, fue mucho mas allá del deber. El juramento hipocrático colmado a rebasar. El amor al prójimo demostrado en cada abrazo, en cada frase de consuelo, en los tonos de cada palabra, en cada gesto que trata de insuflar confortación a resignación. Su preocupación por el otro que, repito, va mucho mas allá del cumplimiento de un deber, fue conmovedor. Y cuán necesario. Renueva mis esperanzas de una humanidad más humana. Se me acaban las palabras. Desde el fondo de mi corazón, en mi nombre y el de mi familia, la más sencilla de ellas y profunda: gracias, médicos y auxiliares del Hospital de Niños Víctor J. Vilela, y gracias, Sies.
Silvia Carnero
DNI 20.354.926