Gol en contra
De regreso a Rosario de mis vacaciones en Brasil, habiendo viajado por GOL líneas aéreas (vuelo 7464) comprobé el faltante de una valija (de 24 kilogramos) que componía mi equipaje y procedí a realizar el reclamo tal como me fue indicado.

Domingo 18 de Marzo de 2012

De regreso a Rosario de mis vacaciones en Brasil, habiendo viajado por GOL líneas aéreas (vuelo 7464) comprobé el faltante de una valija (de 24 kilogramos) que componía mi equipaje y procedí a realizar el reclamo tal como me fue indicado. La condición establecida para estos casos es que si la valija extraviada no aparecía en 15 días, la empresa me debía indemnizar con 20 dólares por kilógramo. Como la valija no apareció y volví a reclamar, me exigieron otra denuncia que hice hasta que corridos otros cinco días fue declarada perdida (29/02). Esto significó mandar una serie de datos para que se hiciera en una caja de ahorro el depósito correspondiente a los kilogramos perdidos. Pero la aventura no iba a terminar allí; el 11/03 de la empresa GOL se comunican para decirme que la valija había aparecido y que estaba en poder del personal de Aduana, del Aeropuerto de Rosario, así que allí viajé ya que vivo en una localidad del interior de Santa Fe (Arteaga). Así las cosas, una vez con la valija me doy cuenta que le habían sustraído por lo menos la mitad de los efectos que yo había puesto; tan grosero había sido el hurto que encontré hasta envoltorios sueltos y paquetes con unidades incompletas. Es decir, se habían servido a gusto de mis efectos. Todo esto compone una situación sumamente desagradable e indignante que sobrepasa el valor económico de lo hurtado, ya que no sólo se violentó el equipaje y se hurtó, sino que se me dañó moralmente como cliente y como ciudadana honesta. Y como si fuera poco lamentarme de los ladrones de valija -que no son obviamente los que asolan nuestras calles- sino que también pueden estar camuflados con uniformes de trabajo y hasta ser empleados. La empresa me comunica que se hará cargo sólo de un kilogramo de faltante, es decir de 20 dólares solamente. Cuando se habla de violencia, de sistemas perversos, de manejos deshonestos, de desprecio por la integridad de la persona y los bienes del otro, pareciera que se despersonalizan las expresiones, pero no, son personas que ejercen violencia, personas que trabajan perversamente, personas que desprecian, que conviven con gente honesta para estafarla y robarle o que sencillamente no se hacen cargo de los daños que se ocasionan en el ámbito de acción de sus trabajos. Lamentablemente, más allá del reclamo, existe el tristemente consabido "está bien, pero marche preso"; y en este caso ni siquiera eso: todos siguen vivitos y coleando. Una vergüenza, un verdadero gol en contra de cualquier pasajero.

Graciela Caramelino de Porfiri
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