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Gobernar es rascar ollas

El estado de alerta fue pronunciado por el propio gobernador, Antonio Bonfatti, quien admitió que si no entran fondos frescos a las arcas el pago de sueldos a los agentes de la administración pública ingresaría en un cono de sombras.

Domingo 12 de Agosto de 2012

Agosto amaneció con luces rojas para la economía santafesina. El estado de alerta fue pronunciado por el propio gobernador, Antonio Bonfatti, quien admitió que si no entran fondos frescos a las arcas el pago de sueldos a los agentes de la administración pública ingresaría en un cono de sombras.

Resulta sorprendente y paradigmático que las tres provincias potencialmente más ricas (Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba) estén sobreviviendo con respirador artificial en un contexto en el que la cotización de la soja (el principal cultivo) vuela por las nubes. El mandatario cordobés, José Manuel de la Sota, puso el grito en el cielo e instó a sus colegas a hacer estallar en pedazos un pacto fiscal que está en vigencia desde 1992 y, de esa forma, neutralizar el filtrado de fondos coparticipables hacia la Nación. Es más, por iniciativa del propio De la Sota, la Legislatura de Córdoba sancionó el miércoles último una ley para abandonar el Pacto Fiscal firmado hace una década por todas las provincias y por el cual cada distrito entrega el 15 por ciento del dinero obtenido por el cobro de impuestos.

Bonfatti y De la Sota se encontraron hace pocos días en la capital cordobesa para contarse sus propios males, pero el mandatario santafesino se cuidó de hacer aparecer a la reunión como un foco de rebeldía hacia el poder central. Como cada vez que se abre un intersticio para alguna sucesión presidencial, De la Sota ensaya embrionariamente el deseo de ubicarse en la marquesina nacional, algo que esta vez sería bien recibido por la constelación de peronistas disidentes con el cristinismo en boga.

Durmiendo con adversarios. El caso del titular de la Casa Gris es diferente: además de ser casi el único gobernador extra PJ, debe lidiar con una conformación legislativa que lo obliga a a reportarse siempre con la oposición peronista. Si Bonfatti ensayase un conato de rebelión por los perjuicios que le trae a Santa Fe la incorrecta distribución de fondos desde la Nación inmediatamente sufriría la réplica de los legisladores peronistas santafesinos.

Por eso, el gobernador lanzó como una especie de súplica. "No hay dinero para nada, es más, hay que buscar dinero para pagar los sueldos", declaró Bonfatti al inicio de la semana en un llamado a la solidaridad plena de los diputados que empiezan a analizar el contenido de la reforma tributaria que tiene media sanción del Senado. En el mientras tanto, Bonfatti envió a la Legislatura el pedido de autorización para que la provincia tome deuda mediante la emisión de títulos públicos por 500 millones de dólares para afrontar grandes obras de infraestructura como hospitales, acueductos y rutas.

La necesidad de Bonfatti para lograr la sanción de la reforma tributaria produjo un movimiento impensado que no tomó estado público. El gobernador llamó al jefe de Gobierno Mauricio Macri para que éste ablande a los diputados provinciales del PRO a la hora de votar la iniciativa. Según pudo saber LaCapital, el líder del PRO derivó la cuestión al ministro de Hacienda porteño, Néstor Grindetti. "No nos convocó nunca para dialogar, postergó el encuentro con (Miguel) Del Sel y ahora nos puentea con Macri. Eso no se hace", dijo ayer a este diario un legislador macrista que admitió la posibilidad de presentar un proyecto propio sobre reforma.

A esta altura de los acontecimientos, unos y otros —oficialistas y opositores—, concuerdan en que el texto que tiene media sanción en el Senado es mucho más un clásico aumento de impuestos que una profunda reforma fiscal. Como en un laberinto, la sanción también se complica por la multiplicidad de vectores en los que está dividido el PJ: en la Cámara baja se dejan ver nuevo sub-bloques. La ofensiva que quieren iniciar los diputados del Movimiento Evita en pos de gravar prioritariamente a sectores rurales no es compartida por el obeidismo ni por los que responden a María Eugenia Bielsa. Habrá que observar si la dispersión de voluntades termina beneficiando al Frente Progresista o si interna al proyecto en un callejón sin salida.

El peronismo santafesino contempla sorprendido cómo el gobierno, por primera vez en muchísimo tiempo, está atrapado en una realidad económica fuera de control, ausculta que el futuro inmediato no ofrece un gran horizonte cargado de optimismo y duda sobre los pasos a seguir.

La primera acción táctica de los justicialistas es responsabilizar a Hermes Binner por los padecimientos que hoy por hoy sufre Bonfatti. Desde Agustín Rossi hasta María Eugenia Bielsa, el guión opositor está destinado a cargar las tintas en los "gastos monumentales" que hizo la administración socialista desde 2007 hasta 2011. Toman como línea directriz el superávit de 1.500 millones que dejó en caja el gobierno de Jorge Obeid y la cifra similar, pero deficitaria, que heredó Bonfatti al asumir la Gobernación.

Los gastos de Binner. A medida que Binner se va transformando en el crítico más contundente que tiene el gobierno nacional, al justicialismo le cierra la ecuación. El interrogante está encallado en el socialismo santafesino. Con pedido de estricta reserva, cerca del gabinete de Bonfatti algunos se quejan de la virulencia de algunos ataques de Binner a Cristina. La novedad es que, en el binnerismo puro, aparece alguna voz que cree que no se pone demasiada energía en la Casa Gris para defender la gestión de Binner. El novelón está instalado aunque los socialistas (que siempre le ponen algodón a sus internas) jamás lo blanquearán hacia los medios.

Las extremas dificultades que padecen los gobiernos provinciales, y sus consecuencias, ratifican que la sintonía fina prohijada por la Casa Rosada es patrimonio de los gobernadores. En otros tiempos, por mucho menos, los jefes territoriales se reunían cada siete días en el Consejo Federal de Inversiones (CFI), escribían contundentes documentos contra el poder central y amenazaban con guerras de guerrillas. Hoy, salvo De la Sota, todos callan más de lo que critican. Temen que la represalia de Cristina les complique aún más la subsistencia.

Casi ajena a los padecimientos federales, la presidenta de la Nación ocupa el centro de la escena haciendo abuso de la cadena nacional, sin preocuparse demasiado por los síntomas de hartazgo que ese mecanismo produce en algunos sectores medios. Al fin, se cuida Cristina de hacer mención a variables de la economía real.

La presidenta prefiere dirigir los dardos hacia otros sectores mientras espera mejores tiempos económicos que, seguramente, irán de la mano con el deseo aún escondido de darle continuidad al cristinismo más allá de 2015.

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