Jueves 28 de Marzo de 2013
Las duras condiciones impuestas por Berlín para el rescate a Chipre reavivaron en el sur de Europa las críticas al gobierno de Angela Merkel, comparaciones con Adolf Hitler incluidas. En Alemania hablan de un brote de "germanofobia" que unos ven con estupor, otros con pena y la mayoría con preocupación. Los carteles de Merkel con uniforme nazi son ya una estampa de la crisis europea, pero esta vez la indignación fue más allá de las calles de Nicosia, Madrid o Atenas. "Merkel, como Hitler, ha declarado la guerra al resto de Europa, ahora para garantizarse espacio vital económico", decía un economista español en un artículo publicado en la web del diario El País y luego retirado ante las críticas.
Los ataques dirigidos al tema más sensible de la primera potencia europea, su pasado nazi, no pasaron desapercibidos en Alemania. "Chipre está salvado, Alemania se impuso. Pero, ¿A qué precio?", se preguntó Der Spiegel. El semanario citó la "ola de germanofobia" europea y advirtió sobre las "profundas heridas en la eurozona" abiertas por la negociación del rescate.
Merkel le bajó el tono. El gobierno de Merkel intentó exhibir serenidad ante las críticas y el ministro de Finanzas, Wolgang Schuble, ensayó una interpretación psicológica para la indignación con Alemania. "Es como en la escuela. Cuando uno saca mejores notas, los que atraviesan dificultades tienen un poco de envidia", dijo. Más afectado se mostró su par de Exteriores, Guido Westerwelle, que lamentó "un tono excesivo, a veces injusto e hiriente" en las críticas.
La población se divide al ver las imágenes de las protestas en los países en problemas y el modo en que los manifestantes comparan a Merkel, que goza niveles récord de popularidad en su país y es gran favorita para ganar las elecciones de septiembre, con el dictador responsable de la mayor vergüenza histórica de Alemania. Muchos comprenden el dolor y la rabia de la población en los países más golpeados por la crisis, pero la mayoría toma las críticas como el precio a pagar por el poder alemán y todos rechazan de forma unánime las alusiones al nazismo. "Uno puede discutir y criticar la política del gobierno alemán, no hay duda. Muchos alemanes lo hacen. Y es comprensible que los países afectados se enfaden. Pero llevarlo al extremo de comparar a Merkel con los nazis es absolutamente inadmisible", resume Anna, alumna de un máster de Estudios Europeos.
Según una encuesta de la cadena ARD, un 59 por ciento de los alemanes cree que Merkel actuó de forma acertada en la crisis.