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Ganancias: ¿fue un paro político?

El paro que varios gremios llevaron a cabo ayer tuvo como principal eje de discusión la modificación del impuesto a las Ganancias para el sector asalariado.

Miércoles 01 de Abril de 2015

El paro que varios gremios llevaron a cabo ayer tuvo como principal eje de discusión la modificación del impuesto a las Ganancias para el sector asalariado.

La primera observación que hacemos es que no resulta sencillo entender que muchos trabajadores deben oblar este impuesto aun cuando no les alcance para sus consumos mensuales. O sea, cuando no tengan excedentes que les permitan ahorrar o invertir. La probable solución sería incrementar los mínimos no imponibles y deducciones personales, para que afecte sólo a los que obtienen importantes rentas.

Otra reflexión que observamos es que aproximadamente el 10 por ciento de los trabajadores "formales" son los que efectivamente soportan esta gabela. Si tenemos en cuenta que existe un gran porcentaje de trabajadores fuera del circuito formal o comúnmente llamados "en negro", ese porcentaje disminuye ostensiblemente. De esta manera también debemos afirmar que el Estado estaría cumpliendo su rol redistributivo, y así que deban pagar más quienes más ganan.

El Estado, a través de lo que se denomina distribución secundaria del ingreso, percibe los tributos de quienes tienen capacidad contributiva para asignarlos a quienes menos obtienen de la distribución primaria (puja del empresario y el trabajador); y de esta manera aumenta el poder adquisitivo del sector más necesitado, a través de la prestación de servicios públicos (educación, salud, seguridad , etc.). Por supuesto que es condición indispensable una correcta aplicación del gasto por parte del Poder Ejecutivo.

A pesar de que la ley se titula impuesto a las Ganancias, nada tiene que ver este tributo con el concepto económico de ganancia. La presente ley ( 20.628 y sus modificaciones) grava , entre otros, los ingresos periódicos de las personas físicas porque el hecho generador que establece la ley tiene que ver con el incremento patrimonial durante un período de tiempo; y en este sentido las remuneraciones se encuentran gravadas sin lugar a dudas. No importa el nombre que se le atribuyó a este impuesto, sino que lo que interesa es que todos los ingresos habituales que tengan las personas físicas deben tributar. Y los sueldos son ingresos que cumplen ese requisito.

La periodicidad de la renta no se vincula con la frecuencia de las operaciones. A este efecto, deberá evaluarse que las mismas no existan de manera accidental sino que se repitan periódicamente de manera que el contribuyente haga de ellas su actividad/profesión.

Ahora, desde una perspectiva sociológica, los impuestos son necesarios para el mantenimiento del Estado. Y desde esa visión, el empleado utiliza los servicios prestados por éste.

Por eso decimos que cuando las autoridades sindicales van al paro esgrimiendo que se trata de un impuesto al trabajo y solicitando la derogación del impuesto, no hacen otra cosa que desconocer lo que la ley establece. No es un impuesto al trabajo, sino un impuesto que incide en todos aquellos que obtienen rentas periódicas. Y no lo sufre sólo el asalariado, sino también el plomero, el gasista, el profesional, y todo aquel que tienen una actividad que le genere ingresos susceptibles potencialmente de cierta periodicidad.

Los sindicatos y los medios de comunicación deberían preocuparse por el empleo formal , ya que un tercio de los trabajadores no se encuentra registrado, lo que implica pérdida de beneficios sociales como aportes jubilatorios, salud, accidentes de trabajo, seguridad social .

Resulta absurdo que toda la sociedad esté discutiendo la gravabilidad o eximición de la renta del trabajo, y a la vez la propia ley exima o deje fuera del alcance a las rentas financieras (generalmente especulativas y no productivas) y a las altas rentas del Poder Judicial.

Solo combatiendo el trabajo en negro y modificando la ley del Impuesto al Valor Agregado, los trabajadores incrementarían sus beneficios muy por encima de las retenciones que sufren en el impuesto a las Ganancias.

La posibilidad que se les devuelva el IVA en artículos de primera necesidad implicaría a aquellos que destinan todo su ingreso a consumos, o sea a aquellos que no ahorran ni invierten, un aumento de su ingreso de un 21 por ciento.

La devolución del IVA de artículos de primera necesidad podría implementarse a través de una tarjeta magnética que identifique los artículos adquiridos de cada consumidor, acreditando el fisco las sumas correspondiente al impuesto implícito en dichos artículos, en la cuenta bancaria utilizada para las acreditaciones de las remuneraciones.

Estas simples propuestas deberían estar en la agenda de las instituciones mediáticas y sindicales. No es justo que el ciudadano reciba permanentemente información y opinión con el fin de llenarlo de contenido interesado, sino de construir ideas que sirvan para una vida más justa y digna.

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