Martes 13 de Noviembre de 2012
Esa concepción autoritaria, esa visión patrimonialista del poder es la que lleva al kirchnerismo a bombardearnos cotidianamente con la más grosera propaganda partidaria financiada con recursos públicos, es decir, de todos. Tristemente nos hemos ido acostumbrando a soportarla. Ese repiqueteo incesante llega a su climax durante las transmisiones deportivas monopolizadas por el Estado, que comenzaron con el fútbol y se extendieron al automovilismo. Sin embargo, somos muchos los que aún seguimos indignándonos con esa afrenta a nociones básicas de republicanismo. Hace un par de domingos, con motivo de cumplirse dos años de la muerte de Néstor Kirchner, la propaganda alcanzó niveles escandalosos. Claro, había un amplio mercado cautivo, porque el plato fuerte era el clásico River-Boca. Los "homenajes" de Fútbol para Todos no nos dieron tregua. Inclusive, en ese partido se hizo antes del comienzo un minuto de silencio. Aunque "la voz del estadio" señaló que era en recordación a los dos jóvenes riverplatenses que habían muerto hace algunas semanas al caer de un tren, el árbitro Pablo Lunati declaró, antes del partido, que lo haría en tributo a "Néstor". Nadie le preguntó, en tal caso, por qué no hacía lo propio en cada aniversario del fallecimiento de otros presidentes democráticos. Ignoramos por qué ese señor tomó unilateralmente esa decisión, cuando no hubo directiva oficial alguna en ese sentido ni de las autoridades nacionales ni del órgano rector del fútbol. Vergonzoso fue haberse valido de un homenaje para traficarlo por otro. Los aficionados al fútbol, que somos legión, tenemos poca escapatoria. La alternativa es no ver los partidos. El deterioro de nuestra calidad institucional se mide, también, por datos como ese. Nunca hubiéramos creído, en los albores del período democrático que hoy recordamos, que prácticas totalitarias de esa naturaleza habrían de volver a la Argentina. Fútbol para Todos es república para nadie.
Jorge R. Enríquez / jrenriquez2000@gmail.com