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Fue un equipo autodestructivo

No es sencillo lograrlo, pero cuando se actúa completamente a la inversa es cuando se potencian ciertas precariedades.

Domingo 27 de Abril de 2014

Russo es de aquellos entrenadores que vive haciendo referencia a la necesidad de achicar el margen de error. No es sencillo lograrlo, pero cuando se actúa completamente a la inversa es cuando se potencian ciertas precariedades. Lo de Central anoche fue, sencillamente, autodestructivo. Por donde se lo mire. Por donde se lo analice. Y contra eso no hay margen de error que pueda achicarse. Más bien todo lo contrario.

   Un gol en contra a los 50 segundos pocas veces resiste algún análisis que contemple válidos atenuantes. Y si esa conquista se da con facilidades tan grandes y evidentes para que un jugador de la sabida calidad de Mauro Zárate dibuje una sutileza como lo hizo, peor aún.

El simple hecho de la desatención misma, casi que no es necesario ponerla bajo la lupa.

   Ya era remar contra la corriente. Pero la autoflagelación tenía algún que otro capítulo. Importante por cierto. Sin que la pelota estuviera en juego, Encina metió un manotazo sobre el rostro de Asad que le valió la expulsión. Justa ciento por ciento. Tan tonta como determinante para la suerte auriazul, en un pleito que sólo sumó sinsabores.

   El mismo juego hizo el resto. Pero siempre apuntalando la sensación de un equipo que hacía todo lo necesario como para dañarse a sí mismo. Porque defender tan mal como lo hizo y atacar de manera tan deficiente como lo intentó, formó parte de una actitud dañina. Sin el más mínimo justificativo.

   Central pareció salir a jugar con una sola misión: atentar contra sí mismo. Nadie duda de que jamás pensó en eso, aunque pareció hecho a propósito.

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