"Fue legítima defensa, no tuve alternativa"

Martes 04 de Agosto de 2009

Claudio Blaser escuchó el veredicto y se marchó a Alta Gracia a pasar en las sierras la primera tarde de su libertad recuperada. Desde allí le dijo a La Capital que experimentaba sensaciones raras. “Intento empezar una vida más relajada. Fui policía durante 22 años y pasé dos años preso. Estoy al aire libre con mi mujer y mi único hijo, de 18 meses, que nació mientras estaba en la cárcel. Es un momento grato pero contradictorio”.
  —Usted fue absuelto por unanimidad aunque por la duda en un caso de larga controversia. Se habló de pruebas plantadas y de enfrentamiento inexistente. Se definió que no hay pruebas de eso, pero quisiera conocer su posición.
  —En realidad no me hace bien hablar de esta situación. Lo único que puedo decirle es que el hecho por el que se me juzgó fue un episodio muy rápido. Los peritos técnicos hablaron de tres segundos o menos. No me quedó más alternativa que la que adopté para defenderme. Fue una situación de defensa legítima. Después se dijeron muchas cosas, pero en el juicio se plantearon muchas otras. El resultado es el que terminó en este fallo de absolución.
  —¿Usted cree que la persona que murió por su intervención es la que habían ido a buscar?
  —Sin duda que la persona fallecida es la que buscábamos. Era un hombre imputado y reconocido por un delito de privación ilegal de la libertad y robo calificado. No se pudo demostrar desgraciadamente esto por la muerte de esta persona. El hecho que se le atribuia era el robo de madrugada a una vivienda en Villa Cañás utilizando ganchos en la cerradura para abrir la puerta, el sometimiento durante unas horas de toda la familia y la sustracción de dinero y objetos de ese lugar. Fue el 2 de mayo de 2007.
  —Esta persona no registraba antecedentes penales según el tribunal que lo juzgó.
  —En la provincia de Santa Fe no. En Córdoba tengo entendido que al menos uno.
  —¿Sabría decirme cuál?
  —No lo recuerdo.

  —¿Cómo fue su vida en prisión?
  —Estuve en la cárcel de Bower, en un módulo de máxima conducta, un pabellón donde había integrantes de fuerzas de seguridad. Mi vida allí fue muy difícil: no es fácil estar preso después de estar 22 años en la otra vereda. Pero fui respetado por los demás internos y por las autoridades penitenciarias. No tuve inconvenientes. Lo lamentable es que debí conocer a mi hijo estando allí dentro en circunstancias muy dolorosas. Yo estuve del lado de la Justicia siempre. Confié en ella, más allá de las demoras. Acá está el resultado.
  —¿Aspira a reintegrarse a sus labores como policía?
  —Yo aspiro a una vida normal. Con todo lo que ello implique. Tengo a mi esposa que es empleada, somos gente de trabajo. Pasado este mal momento voy a pedir asesoramiento profesional para ver qué pasos sigo. Yo me siento bien. Pero viví una situación que a cualquier persona algún daño psicológico le puede acarrear. Ya tomaré contacto con mis superiores y veré cómo sigue todo esto. Tengo mi carrera policial y conozco mis derechos. Tal vez pueda seguir en una área no operativa. Es apresurado ponerme a ver ahora todo esto.
  —¿Después de este descanso regresa a Villa Cañás?
  —No, vuelvo a mi casa, con mi familia. Soy oriundo del departamento San Jerónimo. Voy primero a Gálvez y después a Coronda. Necesito estar con ellos, que son los que me han respaldado junto a mi abogado que tuvo una intervención brillante que agradezco.