Fría palabra, cruel enfermedad
Cuando el 9 de agosto pasado mi esposa Mirtha y mi hija Martina (5 años) me esperaban en la puerta de mi casa, noté que algo no andaba bien. Se me acercó al oído y me dijo: "Es positivo". La miré y se me nublo la vista, sentí que me ahogaba.

Martes 12 de Octubre de 2010

Cuando el 9 de agosto pasado mi esposa Mirtha y mi hija Martina (5 años) me esperaban en la puerta de mi casa, noté que algo no andaba bien. Se me acercó al oído y me dijo: "Es positivo". La miré y se me nublo la vista, sentí que me ahogaba. Desde ese momento hubo un vuelco de 180 grados en nuestras vidas. Fueron tres días oscuros, fue un mazazo terrible. Pero como no forma parte de su vida darse por vencida, dirigiéndose a Nacho, mi hijo mayor y a mí nos dijo: "¡A mí esto no me va a ganar! Ya van a ver que me voy a curar...!". Hoy la enfermedad retrocedió muchísimo con un duro tratamiento, una delicada contención, pero por sobre todas las cosas su fe en sí misma, su inquebrantable espíritu de lucha, su desborde de energía positiva, no sólo a la enfermedad, sino a cada acción en la vida han logrado que esto sucediera. ¡Seguí adelante mi amor, te necesitamos, sin vos no somos nada! En el 75 por ciento de los casos detectado a tiempo, el cáncer de mama es curable. Doy fe.

Sergio Muñoz, sergiogillermo@hotmail.com