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Frases míticas del fútbol recopiladas en un libro

A qué se refería Maradona cuando dijo "la pelota no se mancha". En qué pensaba Valdano cuando habló por primera vez de "miedo escénico". Cuando dijo Bilardo "al enemigo, pisalo".   

Sábado 29 de Noviembre de 2014

¿Un libro con frases de fútbol? No, mucho más que eso. Como anticipa la portada, el texto “Frases de fútbol” del periodista deportivo español Miguel Gutiérrez relata “chicanas, genialidades, peleas y furcios que hicieron historia” a través de las palabras de jugadores, técnicos, dirigentes y escritores célebres. Pero lo más curioso de este libro “made in Madrid”, que no es para nada una aburrida lista de citas y que acaba de llegar al país luego de venderse muy bien en los tres últimos años en España, es que abre su primer capítulo con el personaje del fútbol argentino por antonomasia: Maradona. Y no se queda allí. Le dedica espacio en sus páginas a otros tres criollos: Jorge Valdano, Carlos Bilardo y César Luis Menotti.

¿Por qué se la agarra con los argentinos este "tío”? Lo contesta españolísimamente para Ovación el propio autor. “Porque para mí la Argentina en materia de fútbol es como Harvard, allí tienen vosotros gente de lo más preparada y brillante, no sólo por su juego sino por cómo hablan, en este sentido tienen mucha brillantez y son muy divertidos. La mejor muestra es que preparé un libro para el público español y muchos de sus protagonistas son argentinos”.

Gutiérrez, de 37 años, es redactor jefe del diario digital Sportyou.es y creó hace diez años el blog “La libreta de Van Gaal” (un título sobre el técnico holandés que supo caricaturizarse al llevar a todos lados una libreta de apuntes bajo el brazo). A este espacio en la web él lo define como una lectura crítica a la prensa deportiva española. "Acá la prensa está muy polarizada, hay medios que apoyan mucho al Madrid y medios que apoyan mucho al Barça”. De lo que escribe no sale indemne: es criticado por criticar a todos y le dicen que "la va de réferi”.

   —¿Meterse con sus pares le trae dolores de cabeza?

   —Sí, bastante, cada vez trato de usar menos adjetivos y basarme en hechos. En general le doy caña sobre todo a los de arriba o a las grandes firmas.

   —¿De qué pecan las grandes firmas?

   —De estar condicionados por los intereses comerciales de sus empresas y de apoyar también a un determinado equipo, presidente, entrenador y, al revés, criticar demasiado a personajes que no son de su cuerda. O sea, el periodista critica a todo aquel que no es de su círculo en lugar de criticar sólo cuando corresponde.

   —¿El primer capítulo se lo dedicó a Maradona porque hacer un capítulo con frases de Messi le hubiera costado demasiado?

   — Messi tiene la mejor excusa del mundo para no ser brillante hablando: es brillante en el campo. No tiene que buscar protagonismo de otra manera. Con Messi haría mejor un video que un capítulo de un libro. En cambio Maradona es el que más repertorio tiene en todo sentido. Algunas de sus frases son geniales: son el potrero de la lengua. Pero la idea del libro tampoco era la de hacer una recopilación de frases porque eso no tiene ningún valor y lo puede hacer cualquiera. Quería utilizar esas frases para contar historias: es un libro definitivamente más de personajes que de frases. La idea salió de un libro que había leído hacía 15 años y que recreaba la historia del cine a través de frases. Se llamó “Alegrame el día”, era la frase de Harry el Sucio (personaje encarnado por Clint Eastwood).

   —¿Por qué eligió a Valdano y tituló su capítulo “El verbo escénico”?

   —Porque por un lado, Valdano hizo mucho en España para que no se considere al fútbol el opio del pueblo. Le dio un barniz cultural que mejoró la imagen del fútbol para que no se lo identifique como un juego de un grupo de bárbaros. Pero por otro lado de la balanza, lo que menos me gusta de él es su afectación: tiene ansias permanentes de estar opinando y sobrevolando los medios. Es como (Johan) Cruyff, nada más que Valdano lo hace por el Real y Cruyff por el Barcelona, a veces están bien con el presidente de turno de su club y a veces a malas...

   —Hay un capítulo, “Enemigos públicos: Bilardo, Menotti y sus apóstoles”, que explica la diferencia entre ambos técnicos que de tan lejana muchos desconocen cómo empezó.

   —Imagínate aquí, se sabe que hay gran rivalidad, se etiqueta al fútbol de cada uno pero no se sabe mucho qué los diferencia. Fue el capítulo en el que más cosas que no sabía descubrí.

   —Leí que se sumó al debate sobre cómo se hablaba de Marcelo Bielsa cuando estaba en el Athletic. ¿Ahora que hay una bielsamanía desde que le está yendo bien en Marsella, qué opina?

   —Opino lo mismo. Nunca hablé mal de Bielsa sino de los periodistas que se la han pasado elogiando sus virtudes y también de los que lo han hecho de menos. Critiqué el circo que se creó sobre Bielsa, que a mi parecer es buen entrenador, metódico y profesional. Pero bueno, no es necesario tanto halago: aquí a ese tipo de periodistas los llamamos palmeros, refiriéndonos a los que tocan las palmas. Bielsa es un personaje que destapa rápidamente la militancia del periodismo.

   —Después de escribir sobre las palabras de técnicos, jugadores y escritores que hablaron de fútbol, ¿con cuál de todos estos actores se queda?

   —Con los técnicos. Cuando hablan están de vuelta de casi todo. El jugador en general no suelta la lengua porque tiene miedo de lo que le puede pasar, no dice grandes cosas. El entrenador vive en la provisionalidad: hay dos tipos, los que han sido despedidos y los que van a ser despedidos. Y en estos años de trabajo confirmé que los grandes entrenadores de la historia son ante todo buenos motivadores. Tenemos la idea de que saben mucho de táctica, y es verdad, pero entrenadores como Guardiola, Mourinho o Helenio Herrera son buenos porque motivan y esa palabra es muy importante. Las palabras, en todo caso, son la base del libro.

   —¿Y Gerardo Martino?

   —Martino no dejó en España la sensación de ser un gran motivador. Hay que tener en cuenta las circunstancias en que se hizo cargo del Barça, sustituyendo en plena pretemporada a un entrenador enfermo de cáncer que falleció unos meses después. Además, el equipo venía de sufrir su mayor palo en el último lustro (las dos goleadas ante el Bayern en semifinales de Champions) y precisaba una revolución que el presidente y su directiva no se atrevieron a acometer. Es muy injusto culpar a Martino más que en una pequeña parte.

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