Sábado 26 de Abril de 2014
El Papa Francisco canonizará mañana al polaco Juan Pablo II y al italiano Juan XXIII en una ceremonia en el Vaticano durante la cual elevará a la gloria de los altares a dos Papas muy diferentes que cambiaron el rostro de la Iglesia en el siglo XX.
Cientos de miles de personas, jefes de gobierno y de Estado, entre ellos los reyes de España, los presidentes de Ecuador, Honduras y el El Salvador, además de miles de polacos, asistirán a la ceremonia solemne en la plaza de San Pedro para santificar a los dos pontífices: uno humilde y cercano a la gente (Angelo Roncalli), otro carismático y capaz de seducir a las multitudes (Karol Wojtyla).
Junto con Pío X, canonizado el 3 de septiembre de 1954, tres pontífices han sido proclamados santos en los últimos cien años.
Francisco le imprime su sello distintivo a cada acto pontificio y la decisión de consagrar santos a Juan XXIII y Juan Pablo II no fue la excepción, por lo que propuso y dispuso la primera canonización simultánea de dos Papas en la historia de la Iglesia.
Los dos pontífices también llegan al honor de los altares por vías poco convencionales. Uno sin el segundo milagro por su intercesión requerido por las normas canónicas, y que Jorge Bergoglio saltó haciendo uso de una prerrogativa papal. El otro por ser proclamado santo en tiempo récord, apenas nueve años después de su muerte el 2 abril de 2005.
"Canonizarlos juntos es un mensaje a la Iglesia: Estos dos son buenos, son grandes", dijo el pontífice argentino, echando por tierra toda polémica previa sobre motivaciones, preferencias ideológicas y comparaciones con el fin de elevar a uno y ensombrecer al otro.
La doble canonización hizo ruido en ambientes eclesiásticos, donde se llegó a decir que "no era necesario" hacer santo a Juan Pablo II en medio de críticas por no poder frenar el escándalo por los abusos sexuales de clérigos ni las pujas de poder en el interior de la Curia Romana.
Pero Francisco desactivó cualquier controversia posible al destacar con definiciones fuertes cualidades de sus antecesores, que los constituyen, subrayó, en testigos "valientes" del Evangelio y en ejemplos de santidad.
"Juan XXIII es la figura del sacerdote rural. El cura que ama a cada uno de sus fieles y sabe cuidar de ellos. Es un cura de aldea bueno y con un sentido del humor muy grande y una gran santidad. Algunos no lo apreciaban en el Vaticano y lo hacían esperar. Nunca se quejaba. Rezaba el rosario. Era un hombre humilde. Y también se preocupaba por los pobres", dijo Bergoglio sobre el pontífice que gobernó entre 1962 y 1965 y tuvo la intuición de convocar al Concilio Vaticano II que inició un proceso de aggiornamiento de la Iglesia.
El Papa misionero. "Juan Pablo II fue el gran misionero de la Iglesia. Un hombre que llevaba el Evangelio a todas partes. ¡Es un san Pablo!", dijo sobre el Papa polaco que estuvo desde 1978 hasta 2005 en la Cátedra de Pedro.
"El abrió a Cristo la sociedad, la cultura, los sistemas políticos y económicos, cambiando con la fuerza de un gigante una tendencia que podría parecer irreversible. Ayudó a los cristianos del mundo a no tener miedo de llamarse cristianos, de pertenecer a la Iglesia, de hablar del Evangelio. En una palabra: él nos ayudó a no tener miedo de la verdad, porque la verdad es garantía de libertad", agregó en una carta a sus compatriotas polacos.
Uno pastor, Angelo Roncalli. El otro misionero, Karol Wojtyla. Carismas que los diferencian y enriquecen. Dos estilos, dos modelos, que, sin embargo, se constituyen en la síntesis de la Iglesia pobre y para los pobres, de salida a las periferias existencias y humanas, que pretende Francisco.
Hay pocos documentos que certifiquen referencias de Juan XXIII a la Argentina, pero la comunidad judía local no olvida su compromiso de vida para poner en práctica los preceptos bíblicos durante el Holocausto, cuando se desempeñaba como nuncio durante la II Guerra Mundial, y su contribución al diálogo interreligioso.
"Comprendió de forma tan vibrante la tragedia de su historia milenaria, que escribió un poema en el que acusaba a los antisemitas de portar la infame marca de Caín. Fue él quien abolió la absurda acusación de deicidio e inauguró un diálogo que no cesa de enriquecerse", supo escribir Marcos Aguinis.
En tanto, Juan Pablo II tuvo un afecto especial por la Argentina, adonde viajó en 1982, en medio de la Guerra de Malvinas, trayendo un mensaje pacificador y en 1987 en una visita pastoral que cerró con un millón de personas en el Obelisco, en el marco de la primera Jornada Mundial de la Juventud fuera de Roma.
Wojtyla tuvo también discursos puntuales sobre la realidad social del país en 1995 y 2002, que provocaron escozor a las autoridades de turno, y la crisis del hambre, con muertes prematuras por desnutrición, lo llevaron a donar en dos oportunidades 100.000 dólares a Cáritas.