Martes 29 de Mayo de 2012
Los bancos que pagan a los jubilados provocan un hacinamiento de tal magnitud que los locales como el de San Lorenzo y Sarmiento, en Rosario, resultan insuficientes para acceder a la demanda y someten a los viejos a un trato inhumano, al punto tal que pasan horas parados, con escasa información y apoyatura de los empleados de la entidad bancaria, los que no dan abasto para atender la requisitoria de hombres y mujeres de más de 80 años, muchos con manifiestas discapacidades y problemas de movilidad. Hace unos días, en un día inestable, húmedo e inclemente, cientos de ancianos debimos en el banco Superville soportar la afrenta del sistema financiero con el que nuestro gobierno nacional paga miserables jubilaciones y pensiones, desconociendo el derecho elemental del respeto a la ancianidad, que tira por el suelo las propagandas televisivas de la Ansés, en las que se invierten gruesas sumas de nuestro dinero para decirnos lo importante que somos, del cariño de los nietos, la preocupación del Estado por nuestra calidad de la poca vida que nos queda y bla, bla, bla; mientras en los hechos se nos maltrata. Invito a los periodistas a tratar de interpretar qué se quiere hacer con los ancianos, y si alguno de ellos puede aceptar que sus padres o abuelos sean tratados de la forma en la que se atiende el pago de haberes previsionales, y qué medidas de asepsia se tomarán en caso de brotes de gripe como los que ya tuvimos en los dos años anteriores cuando se pagan cientos de haberes en un local con calefacción en el que a la media hora de entrar falta el aire y se percibe un ambiente pesado. Como las sillas no alcanzan para esperar cómodos los turnos, tenemos que salir a la vereda para respirar aire contaminado por los escapes de los automotores en una de la esquinas más afectadas por este fenómeno. Mojarse y "agua y ajo", decía mi abuela. Agua (ntarse) y ajo (derse).
Angel M. Contestí