Fines de semana caóticos
Vivimos en pleno centro, lugar hermoso pero cuya tranquilidad se altera abruptamente los fines de semana. A partir de las 5 de la mañana la zona se transforma y comienza la desconcentración de los boliches...

Jueves 27 de Enero de 2011

Vivimos en pleno centro, lugar hermoso de Rosario, como tantos otros, pero cuya tranquilidad se altera abruptamente los fines de semana. A partir de las 5 de la mañana la zona se transforma y comienza la lenta y caótica desconcentración de los boliches (ubico dos en mi radio). El domingo pasado, ante la imposibilidad de poder seguir durmiendo, me levanté siendo aproximadamente las 6 a observar desde el balcón lo que ocurría. Bajé luego a recorrer algunas cuadras desde donde se generaba el bullicio perturbador. Lo que vi superaba con creces lo que tantas noches imaginé. Intentaré describirlo. Debo admitir que no sabría distinguir por su conducta y accionar entre un ebrio y alguien bajo los efectos de alguna droga. Sin embargo podría asegurar que todos participaban en alguno de los bandos y también asumí haberme metido en medio de una situación riesgosa. Precisamente la primera sensación es la de desamparo. No hay GUM, no hay policía, no hay control de alcoholemia. La situación está librada a su suerte y es un caos. Gritos, empujones, peleas varias en plena calle, caídas. Gente que orina los palieres. Vomitan las veredas, arremeten contra contenedores, patean vehículos y vidrieras. Arrancan ramas y árboles pequeños son quebrados de puro gusto y obnubilada conciencia. Molestan a los vecinos tocando los timbres de sus porteros. Atacan mobiliario y carteles. Automóviles que generan sonidos musicales de tal intensidad que resulta casi inimaginable la supervivencia de quienes están en su interior. Camionetas que cargan gente en sus cajas abiertas. No se respetan los semáforos. El chirriar de cubiertas en aceleraciones desenfrenadas da certeza de que no podrán controlar el vehículo ante la menor contingencia. Quizás la suerte ayude, y sólo eso, a que la nómina de hechos lamentables no guarde relación directa con la descripción que hago, aunque seguramente en sus participantes quedarán huellas definitivas y contundentes de tanto exceso. No me caben dudas que debería estudiarse a fondo todo cuanto generan estas situaciones y si bien me declaro plenamente a favor de la vida y la libertad, hay quienes en esta sociedad deben velar por ellas y garantizar a todos los ciudadanos los derechos que les corresponden, asumiendo sus inexcusables obligaciones. Están en pugna expuesta los intereses y la vida.

Eduardo Agelet