Miércoles 14 de Noviembre de 2012
El ritual de examinar a los púberes para ingresar a los escasos espacios educativos.No pretendo que se paralice la ciudad, como en Seúl el 8 de noviembre, cuando examinaron a sus 668.000 estudiantes, para ingresar al nivel superior. Sólo pido unos minutos de autocrítica y reflexión sobre nuestro sistema educativo, con espacios y estrategias congeladas en el tiempo. Digamos de paso que gracias a la inversión (no sólo económica) de Corea del Sur en educación, sus estudiantes ocupan los primeros lugares en la resolución de conflictos, incluso en matemática, según evaluación de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (Ocde). Aunque también ocupan la tasa de suicidio e infelicidad más alta. En la víspera y el mismo 20 de noviembre, "Día de los derechos del Niño", decretado en 1989 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, se tomarán los exámenes de ingreso al secundario, en las dos escuelas dependientes de la Universidad de Rosario. Asocio las dos fechas porque a pesar de que los aspirantes al "evento" lógicamente aumentan, los espacios son los mismos que en la época de sus bisabuelos, por lo que la aleatoriedad o el azar inevitablemente intervendrá en los resultados. Los niños que intervienen en esta competencia, padecen sobrecarga de horarios de intensas preparaciones (algunas incluyen maltratos), para compensar lo que no enseñaron o no aprendieron en el nivel primario y de la capacidad de inversión en dinero y tiempo de sus familias. Como dice François Dunset, no es cuestión de igualdad de oportunidad sino de igualdad de posición. Es necesario diseñar un ciclo medio, un puente entre primaria y secundaria o dividir esta última para igualar y evitar expulsiones del sistema. Todavía no se entiende que en la pubertad una misma edad cronológica no neutraliza las notables y singulares diferencias. Comenzando con las de género: a la misma edad las mujeres desarrollan capacidades que los varones adquieren años más tarde; diferencias formativas y de estudios paralelos, diferencias de estímulos ambientales que aumentan capacidades, de percepciones, sensaciones y madurez neuronal que operan a la hora de abstraer, retener o memorizar. Es difícil evaluar con los mismos instrumentos tantas diferencias en una etapa de rotundos cambios. Mientras tanto, confiemos en la "eficacia simbólica" (Lévi Strauss), cantemos, roguemos, regalemos objetos que intermedien entre deseos y posibilidades y acompañemos a los niños en este parto que inventamos para un final de infancia injustamente adelantada.
Mirta Guelman de Javkin,
mirtaguelman@hotmail.com