Miércoles 09 de Febrero de 2011
El ex basquetbolista Alejandro Bertotti será sometido a juicio oral por el crimen de su esposa embarazada Natalia Vercesi, ocurrido en San Francisco en julio de 2009. Así lo dispuso la Cámara del Crimen de ese distrito judicial, que fijó para el 25 de abril la fecha de inicio de las audiencias, que se desarrollarán ante jurados populares. El deportista afrontará cargos por homicidio agravado por el vínculo, alevosía, aborto y por haber sido cometido por precio o con promesa remuneratoria. Se trata de un delito que prevé prisión perpetua.
Junto a Bertotti llegará al banquillo de los acusados Leandro Forti, un muchacho de 19 años acusado de haber recibido por parte del esposo de la víctima dinero para colaborar en el crimen de la mujer y simular un intento de robo. Este muchacho está acusado como coautor de los mismos delitos, aunque sin la calificación por el vínculo, lo que no modifica el monto de pena. Así lo requirió a mediados del año pasado el fiscal de Instrucción Bernardo Alberione, quien dispuso la prisión preventiva de ambos acusados.
Natalia Vercesi cursaba un embarazo de 28 semanas cuando fue asesinada de 24 puñaladas en distintas partes del cuerpo y golpes en la cabeza. Ocurrió el atardecer del 8 de julio, cuando entró a su casa del centro de San Francisco y, según la acusación, su esposo y Forti la atacaron. Ella opuso resistencia pero recibió un corte muy profundo en el cuello. El caso en un primer momento fue considerado un brutal episodio de delincuencia común, lo que generó repudio en la comunidad, hasta que 21 días después la causa dio un giro brusco con la detención de Bertotti como principal acusado.
Paso a paso. El fiscal Alberione consideró que Bertotti, que es kinesiólogo, planificó el asesinato de su esposa desde principio de 2009 y que tenía intención de hacer lo propio con el marido de una mujer con la cual estaba obsesionado. Para ese propósito se contactó con Diego Forti, hermano mayor de Leonardo, quien lo escuchó, se interiorizó de sus planes y comenzó a pedirle dinero. De sucesivas reuniones habría participado Leonardo y ambos se aprovecharon económicamente de Bertotti.
Luego, Diego se abrió de esa relación y Leonardo continuó aprovechando la asistencia económica del kinesiólogo con el fin de financiar su adicción a las drogas. Según interpretó Alberione, ese día Bertotti ingresó al garaje de la vivienda que compartía con su esposa en Urquiza 94 en su auto VW Bora azul. En la parte trasera del vehículo, que tiene vidrios polarizados, se ocultaba Forti a quien había contratado para que le ayudara a dar muerte a su esposa por una cifra de entre cinco y diez mil pesos.
Una vez dentro del garaje y según lo planeado por ambos, Bertotti apagó la luz y Forti permaneció oculto en el auto al aguardo de una señal para ingresar.
Según se narra en la resolución judicial, un primer intento por hacer bajar a Forti del auto se truncó por una llamada al teléfono fijo de la casa. Después el basquetbolista le pidió a su mujer que observara algo a través de la ventana del frente de la vivienda, con el propósito de colocarla de espaldas al lugar donde debía ingresar Forti.
La señal. Cuando Natalia se puso de espaldas, según la acusación, Bertotti hizo señas a Forti para que ingresara y con un elemento contundente, presumiblemente un hierro, golpeó en primer lugar a Bertotti en el rostro y luego a la mujer, en cercanías de la ventana del living. Allí la mujer cayó al suelo y su marido y Forti, con armas blancas de mucho filo, comenzaron a propinarle puntazos. La mujer reaccionó y se trabó en lucha con ambos hombres. “Habría ofrecido una tenaz resistencia” planteó el escrito. Finalmente la mujer murió desangrada en la cocina.
Minutos después, Bertotti le dio parte de la paga a Forti y lo hizo salir de la vivienda por la puerta del frente. Luego el marido se dedicó a modificar la escena del crimen con la finalidad de lograr simular un ataque de terceros que ingresaron sorpresivamente a la vivienda, tal como contó días después a los medios y a la policía. De esa forma quedaría concluido el trabajo y garantizada la impunidad. Tras los cambios que creyó necesarios para impedir la futura investigación llamó a sus familiares, a la policía y pidió auxilio a un vecino.
Tras el incidente Bertotti dijo que habían sido víctimas de un robo y que dos hombres encapuchados ingresaron con intención de robar, lo golpearon, mataron a su mujer y escaparon en un Renault Clío rojo. Cuando fue detenido imputado por el crimen, 21 días después, el kinesiólogo negó los hechos y se abstuvo de declarar.
Confesión. Por su parte Forti, se presentó en la comisaría y quedó detenido. Declaró en dos oportunidades y contó que conoció a Bertotti en la calle y que después lo encontró en un bar de la ciudad donde el basquetbolista jugaba al pool y tomaba cerveza con sus amigos. Allí, según sus dichos, le pidió trabajo.
Después lo vio nuevamente en un supermercado donde repitieron los encuentros, pactados luego de que Forti llamaba al celular de Bertotti desde cabinas públicas, para no dejar rastros.
Según Forti, Bertotti le encomendó que le efectuara un disparo en una pierna a un supuesto amante de su esposa. Le especificó en qué farmacia trabajaba y le describió el automóvil del hombre al cual tenía que aleccionar.
Según narró, Bertotti le ofreció una paga por ese trabajo y no le imponía tiempo. Por esa razón Forti le mentía asegurándole que perseguía a la víctima apuntada y estudiaba sus movimientos, pero que no encontraba la oportunidad de cumplir su cometido. En cada encuentro Forti le pedía plata a Bertotti y éste le daba entre 100 y 300 pesos. También contó que Bertotti le decía que su mujer tenía otra relación y que él no aguantaba más. Pero que nunca le dijo que tenía la intención de dañarla.
Dos semanas antes del asesinato el basquetoblista buscó a Forti en el lugar de siempre y le dijo que el 8 de julio pasaría a buscarlo por la esquina de su casa. Ese día, lo llevó a un descampado donde le dio una campera oscura, le ordenó que se sentara en el asiento de atrás, le dio un hierro y lo llevó hasta su casa.
Según contó Forti, tras el ataque el basquetbolista le dio el dinero y él le dijo que se iba porque estaba asustado. Cuando escapó hacia su casa se deshizo del hierro y quemó la ropa que había usado.
El pago. Al día siguiente, dijo, contó el dinero y notó que sólo había 500 pesos. El viernes posterior al asesinato y después de pasar dos días en cama “con gran sentimiento de culpa”, Forti se cruzó de manera casual con Bertotti, a quien encontró en la calle cuando estaba paseando un perro.
“Vos estás loco, me mentiste”, le dijo Forti y el basquetbolista en el momento le dio 5.500 pesos para garantizar su silencio.
La acusación a Bertotti y Forti, según el dictamen del fiscal, se basa en 46 testimonios y como prueba documental cita actas de inspección ocular y allanamientos, fotografías, muestras de sangre de Bertotti, detalles del servicio de emergencia, copia de buzón de e-mail, detalle de llamadas telefónicas, planillas prontuariales, autopsia y transcripción de escuchas telefónicas. l