Martes 23 de Diciembre de 2014
Porque somos soñadores indeclinables, cada año, el espíritu de la Navidad nos invade a todos, religiosos o no. Y, con un sutil cosquilleo indescriptible, nos transmite mucha fe. Fe en lograr la transformación imprescindible que nos devuelva la Paz perdida, fe para crear y sostener el Trabajo fecundo que lleve a nuestra mesa el pan de cada día, fe en el Respeto entre hermanos que nos hará crecer como individuos y como sociedad. Y levantamos copas, reales o simbólicas, con mayor o menor ánimo, en una esperanzada apuesta al cambio que todos necesitamos. Porque el hoy agobia, a unos más a otros menos, pero agobia. Y ante el agobio, brindamos. Imbuidos del espíritu de la Navidad, brindamos, obsequiamos. ¡Qué maravilloso es el ser humano, que se esfuerza por renacer de las cenizas, y, aun creyendo que no puede, logra insertarse en la rueda imparable de la vida! Por el futuro mejor que todos merecemos. ¡Salud!
Edith Michelotti