Domingo 28 de Junio de 2009
Las violaciones sistemáticas de Juan Manuel de Rosas a su hija adoptiva, las orgías de Domingo
Sarmiento, la supuesta homosexualidad de Manuel Belgrano y las infidelidades mutuas entre José de
San Martín y Remedios de Escalada, el matrimonio de José María Paz con su prima y la doble vida de
Hipólito Yrigoyen. Estas historias aparecen relatadas en “Argentina con pecado
concebida”, el segundo libro donde Federico Andahazi aborda la historia de la sexualidad de
los argentinos desde la Revolución de Mayo hasta los años 30. La idea “no fue sacarle el
lustre a ningún bronce, sino poner a la sexualidad en su justo lugar”, aseguró el autor,
quien afirmó además, sin medias tintas, que si una palabra caracterizó esa historia nacional fue
“la hipocresía”.
—A partir de esta relación inicial entre sexualidad y poder, ¿cómo
surge el libro?
—Siempre hay un factor vinculado al azar y a la subjetividad del
autor. Nunca me propuse escribir la historia sexual de los argentinos, trabajaba en una novela que
transcurría en la Buenos Aires colonial y en el submundo prostibulario. Buscando información sobre
las costumbres sexuales, me encontré sospechosamente con que había muy poca información. Ahí asumí
el desafío de escribir esa historia.
—¿Lo ayudó su formación de psicólogo?
—La relación entre sexualidad y psicoanálisis no es sencilla. Pero
el ser psicoanalista fue una ventaja, algo que no pasa con las novelas. A veces el psicoanálisis se
mete con su léxico tan propio en un universo ajeno, el de la literatura, pero en este caso me ayudó
en la búsqueda de la genealogía de las cosas. Hay dos grandes instituciones que se preguntaron por
la sexualidad: la Iglesia y el psicoanálisis, que fue el que me facilitó la cantidad de preguntas
que la cultura que se hace en ese tema.
—¿Cómo trabajó ante esa escasez de información?
—Cada época dio un tratamiento diferente a la sexualidad. Los
españoles dejaron un enorme material bibliográfico y crónicas sobre la sexualidad precolombina y
sobre su propio proceder. Pero hay períodos donde es tan poca la información tuve que apelar a
estudios arqueológicos. De hecho, en excavaciones hechas en la casa de una familia tradicional
porteña encontraron una serie de platos cuadrados de porcelana que vistos a contraluz se descubrió
que eran protodiapositivas pornográficas. Y más abajo, había una colección de consoladores. Me
sorprendió el contraste entre las finas porcelanas francesas y estos juguetes de madera precarios.
Sucede que estas familias viajaban a Europa y traían porcelanas porque no parecían ser lo que eran,
pero traer un consolador francés, que era muy voluminoso, era más complejo y evidente.
—Había que disimularlo...
—Si una palabra sintetiza la historia de la sexualidad argentina,
es hipocresía. Personajes que se rasgaban las vestiduras pero al mismo tiempo guardaban esos
elementos en su casa. Por ello, la hipótesis es que no se entiende la historia del país si se
desconoce su sexualidad. Los países son hijos de una red de relaciones sexuales, sin metáfora. Y
detrás de toda política de Estado hay una política sexual velada, ese es el primer ocultamiento. La
consolidación de las aristocracias se dio a través de pactos sexuales interfamiliares e incluso
intrafamiliares, al punto del incesto. Esas también fueron políticas de Estado.
—Rosas es de las figuras más polémicas de la historia argentina y
también lo es en el libro.
—La idea no es meterse en las sábanas de nadie porque sí, sino en
la medida en que sus actos privados se vinculen a la vida pública y el caso de Rosas es
paradigmático. Si hoy digo que hubo un hombre que tuvo una hija en cautiverio en su propia casa,
que la sometió a violaciones sistemáticas, y que con esa hija tuvo seis hijos a los que no dio
educación y también tuvo en cautiverio, inmediatamente se piensa en un personaje como Josef Fritzl
(caso conocido como el “Monstruo de Austria”). Sin embargo, ese fue Rosas. Hubo gente
que lo quiso desagraviar diciendo que era una hija adoptiva, cuando eso es un agravante porque fue
un amigo quien le dejó su hija a su cuidado. Esto muestra como el modelo de país de Rosas
reproducía lo que pasaba en su propia casa.
—Plantea que Rosas y Encarnación Ezcurra conformaron el primer
matrimonio gobernante. ¿Cómo los compara con otros matrimonios como el de Eva y Juan Domingo Perón,
y el de Cristina y Néstor Kirchner?
—El matrimonio de Rosas y Encarnación fue muy diferente al de los
Perón porque éste tiene las características del mito: la muchacha que llega a Buenos Aires, se
deslumbra y se casa con un hombre que sería el más poderoso del país. Lo que hay en común es ese
poder o investidura erótica que tuvieron estos matrimonios, y eso se ve en Perón que aparece como
el macho, paternalista y todo lo que se decía de su virilidad. El actual matrimonio nada tiene que
ver con una figura épica y se parece a una alianza política. De hecho, un gobierno poco propenso a
las alianzas deriva de esta única alianza que es la de su matrimonio. l