Viernes 19 de Junio de 2009
Una gran mayoría de rosarinos tienen una muy bien ganada fama de gasoleros. Andan mucho y gastan poco. Recorrer casas de repuestos para autos para encontrar una bujía más barata es un clásico. Las damas gastan los zapatos para encontrar verduras o frutas diez centavos más económicas. Ir a cenar a lugares top y beber vino de la casa, de postre pedir café y no dar el diez por ciento de propina al mozo es otra muestra acabada de lo que cuesta sacar un peso más de las billeteras rosarinas. He detectado una nueva forma de mostrar la hilacha: manguear el diario en bares y estaciones de servicios. La nueva clase de pijoteros premiun se bajan de poderosos autos de alta gama, consumen un café por espacio de hora u hora y media y se leen de arriba La Capital. Si el periódico está ocupado por algún humilde trabajador o por alguna persona que busca empleo en los clasificados, juegan con el celular mirando al hereje para que desocupe pronto la preciada presa. Señores muy bien vestidos y que se la dan de muy ocupados con sus esposas, podrían desembolsar dos pesos con 25 centavos y no dar lástima mostrando que el codo les llega hasta los zapatos de primera marca. La verdad, observarlos da vergüenza ajena.
Daniel Ciúffoli,
daniciu@hotmail.com