Viernes 14 de Agosto de 2009
El repartidor de pan que en agosto del año pasado mató a dos jóvenes y alegó haber defendido su vida durante un asalto obtuvo la falta de mérito por el doble homicidio. La jueza que interviene en el caso consideró que hay pruebas y testimonios que respaldan la versión del distribuidor, pero no tiene certeza de que haya actuado en legítima defensa. Por eso el muchacho continuará ligado a la causa, que se sigue investigando.
En la misma resolución, el repartidor Germán Giosa, de 33 años, fue procesado por una acusación secundaria de portación ilegal de arma de guerra. Es que el revólver calibre 38 largo con el que cometió los dos crímenes estaba registrado a nombre de su padre y él lo llevaba en el auto pese a que no era legítimo usuario.
El repartidor aseguró que su padre se había olvidado el arma bajo el asiento la noche anterior, pero para la jueza es poco creíble que el distribuidor ignorara la presencia del arma en el vehículo. Ese delito tiene una pena de 3 años y medio a 8 años y medio de prisión.
El dictamen fue realizado por la jueza de Instrucción María Luisa Pérez Vara. La magistrada consideró que no hay evidencias para procesar a Giosa pero tampoco para sobreseerlo definitivamente por los homicidios de Alberto Matías Ascensio, de 19 años, y de Sergio Nicolás Morel, de 16. Giosa está en libertad desde tres días después del hecho. Seguirá ligado a la causa, aunque la falta de mérito lo deja más cerca de su desvinculación. Su abogado, Víctor Corvalán, apeló ayer.
La trama.En la causa nunca estuvo en duda que el repartidor fuera el autor de los homicidios. Lo que la jueza Pérez Vara intentó despejar es si se trató de un ataque justificado. El hecho ocurrió el domingo 31 de agosto de 2008 cuando Giosa fue en la Renault Kangoo de la panadería de sus padres a entregar un pedido a un negocio de Riobamba 4391.
Llegó a las 9 de la mañana y el negocio estaba cerrado. Estacionó el utilitario de culata, con la puerta trasera hacia el garaje, y se quedó esperando hasta que llegara el dueño. El muchacho contó que en ese momento se acercaron caminando dos jóvenes y el más alto de los dos se "abalanzó", abrió la puerta del utilitario y comenzó a forcejear con él para sacarlo del vehículo. Mientras, el más bajo le pidió "todo lo que tenía" y le pegó un culatazo en la cabeza con un arma.
Según el relato de Giosa ante la policía, el más alto le sacó un Nextel azul y la billetera con "unos mil pesos" y enseguida advirtió que había un arma bajo el asiento del conductor. "Está calzado. Quemalo, quemalo", le gritó a su cómplice, quien según Giosa gatilló dos veces pero el tiro no salió.
"En ese momento, temiendo por mi vida, logré soltarme para tomar el arma de mi papá. Cuando me di vuelta le di un disparo al que forcejeaba y luego le tiré instintivamente al bulto del petiso que seguía gatillando", relató Giosa.
Los jóvenes murieron casi en el acto. El repartidor subió al utilitario y se fue su casa. Luego se presentó en la comisaría 13ª, donde relató lo ocurrido y adujo haberse marchado por miedo. En el lugar, caído frente a la granja, quedó el cuerpo del chico de 15 años con un tiro en el corazón. Tendido en una zanja hallaron a Ascensio, de 19. Tenía un disparo en la cabeza. El parte policial señala que a la derecha del adolescente se encontró un revólver calibre 32 largo color crema y que en el lugar también se recuperó el celular.
Otras voces.Para la jueza Pérez Vara, toda la secuencia relatada por Giosa aparece avalada "en gran medida" por el relato del dueño de la granja y una empleada. Ellos declararon que esa mañana, cuando llegaban al negocio en auto, vieron al repartidor dentro de su vehículo forcejeando con un muchacho, "mientras otro le apuntaba con un arma de fuego plateada". Relataron que al advertir esa situación siguieron de largo y escucharon disparos. Dieron unas vueltas con el auto y al regresar "el panadero ya no estaba y se encontraba la policía".
La jueza remarcó además que en la reconstrucción se dieron "secuencias compatibles" con el relato de esos testigos. Concluyó que se advierte "la apariencia" de que existió una agresión ilegítima contra Giosa, lo que se ve reforzado por el hallazgo del arma junto a los cuerpos y el hecho de que ese revólver, cargado con dos balas, estaba "con el martillo hacia atrás, es decir, apto para producir el disparo".
Por todo esto, para la jueza es "probable" que Giosa haya efectuado los disparos para defender su vida. Además, evaluó que la circunstancia de haber matado a Morel en un forcejeo explicaría la dirección del disparo, que fue "de arriba hacia abajo". De todos modos evaluó que las pruebas no son tan firmes como para sobreseer a Giosa y el caso ahora será revisado por la Cámara Penal.