Miércoles 15 de Junio de 2011
El 3 de junio pasado a mi cachorra de nueve meses la atropelló un auto. Sin dudarlo la llevamos a su veterinario de siempre para intentar hacer algo. Faltaban unos minutos para que comenzara el horario de atención, pero suponíamos que como se trataba de una emergencia nos iba a atender. En parte fue así, pero no de la forma que pensábamos y no como suponíamos debería atender un profesional responsable que ha hecho un juramento. Toqué timbre insistentemente con mi perra en brazos, cuando al fin me abrió, y lo único que me dijo fue (palabras textuales) "Está muerta. Yo no trabajo con muertos, trabajo con vivos". Esto nos pareció demasiado atroz, viniendo de alguien que considero un ser humano hacia otro ser humano, y dijo "llevátela" y la agarró como si fuera una bolsa de basura. Cuando salí a la calle mi mamá me estaba esperando en la puerta y nos pusimos a llorar, y el muy miserable nos empezó a gritar, a insultar. Nos dijo que no le habíamos preguntado cuánto le debíamos. ¡Encima quería cobrar! Después de que ni siquiera la revisó y después de haberla tratado como una bolsa de basura. También dijo que no le habíamos dado las gracias después de que le "tiramos la puerta abajo". Igual le pedimos disculpas y siguió gritándonos en la vereda, decía que la educación sobrepone al dolor, que éramos unas maleducadas, cuando nos parece que esa palabra le sienta muy bien a él. Quien ha perdido una mascota o quien la tiene y la ve como parte importante de su familia, sabe lo que significa esto. Este comerciante tiene su consultorio (—) en bulevar Rondeau al 4100. Lo único que busco con esto es dar a conocer la actitud de abandono y nada de humanidad de alguien que ha hecho un juramento, y para que no vuelva a pasar con ningún animalito más.
Elisa Philipp