Falacias en la inseguridad
La memoria es una patética demostración de la falacia que nos está conduciendo a la angustia cotidiana de la inseguridad extrema. Recordemos que tuvimos un jefe de policía que en su primer...

Jueves 24 de Mayo de 2012

La memoria es una patética demostración de la falacia que nos está conduciendo a la angustia cotidiana de la inseguridad extrema. Recordemos que tuvimos un jefe de policía que en su primer contacto con la prensa nos recomendó poner rejas en nuestras casas y no prometió poner entre rejas a los delincuentes; un ex gobernador nos recomendó pasar los semáforos en rojo para eludir los robos; un secretario de Seguridad solucionó con un arma de grueso calibre un incidente de tránsito con un aterrorizado taxista; que compraron para la pobre policía motorizada motocicletas de baja cilindrada, cuando los delincuentes tienen motos de carrera; que cuando un intendente tuvo la valentía de decir que a los chorros había que castigarlos lo anatemizaron hasta obligarlo a desdecirse cuando es lo que piensa y hace la mayoría de la población, cuando puede detener a alguno. Lo de los taxis es tragicómico. Que pongan rejas, GPS, luces de pánico, botón de peligro, cámaras fotográficas, que no usen dinero, tarjetas de pago inteligentes. Falta que usen casco de combate, chaleco antibalas y tomen un curso de comandos militares. Lo que hay que hacer es sacar a los delincuentes de la calle. La simple y milenaria solución no la proponen. Los chorros son los que deben estar preocupados y entre rejas, nosotros durmiendo tranquilos. Aquí aparecen los eufemismos de los juristas de gabinete. No hay capacidad carcelaria pero la ampliación es a cuentagotas. Los menores pueden decidir sobre la vida de un ser humano nonato, pero si matan a un nacido, no son responsables. No se obtienen pruebas para las condenas, pero no se instala tecnología y expertos en investigación forense en cantidad adecuada. La prisión no debe ser una pena, ni un castigo, pero el preso es un condenado con una pena por el Código Penal y un juez en lo penal, ¿en qué quedamos? Decir que los delincuentes son víctimas de la sociedad y es perdonable que maten y roben, es realmente delirante. No es cierto que la pobreza lleve al delito. Con más castigo y policías no se detiene el delito, es una afirmación que carece absolutamente de demostración, todo lo contrario. Sobran ejemplos de que si no se dan las condiciones de impunidad el delito disminuye drásticamente. En nuestro país también ocurrió. Decir que no es así es pura falacia o ideología de barricada.

Gerardo Orallo