Martes 23 de Junio de 2009
Por siempre se imputó exclusiva responsabilidad de la condición humana a la bíblica pareja del Edén, obviando el singular poder de seducción del diablo. Valga la figura alegórica aplicada a los efectos y defectos de nuestra moderna sociedad. En el particular caso de la formación y educación del menor, se advierte el reparto de culpas y elusión de las razones estructurales. Haciendo uso de otra metáfora: "Se culpa al chancho y no a quien le da de comer". Cuando uno lee sobre la programación televisiva que el horario de protección al menor es absoluta responsabilidad de los padres, vale reflexionar hasta qué punto del presente real los progenitores pueden evitar la presencia de sus hijos menores frente a la pantalla chica. ¿Acaso durante el día los programas resultan más aceptables? Tratándose de internet, ese maravilloso sistema que ha copado la atención de todas las edades, la cuestión es más nítida y por tanto mucho más dramática. Resulta irónico observar cómo en los sitios porno practican la norma moralizadora. Para entrar el operador debe reconocer con "honestidad" si es o no menor de edad "cliqueando" sobre determinado punto de la página web. Fuera del ámbito virtual nos encontramos en nuestra propia urbe rosarina boliches que funcionando hasta las tres de la madrugada permiten el ingreso de menores de 13 años en adelante con los serios riesgos que tal situación implica. Aquí volvemos a la reflexión inicial. ¿Se debe atribuir a los padres toda la carga de la responsabilidad formativa de sus hijos en una sociedad compleja donde la propia familia está en crisis? Es común y corriente leer o escuchar sobre la indisciplina de educandos frente a los educadores justificándolo en supuestas falencias paternas. Pero, ¿qué se hizo de la autoridad de los docentes? Siendo que en un pasado no lejano con sólo una mirada severa del maestro se ordenaba la clase. Es evidente la falla y decadencia de las instituciones. El "diablo" sabe donde meter la cola.
Oscar Mario Ventura, omarvent@gmail.com