Martes 04 de Agosto de 2009
Extrañas criaturas aquellas que con nuestros impuestos hemos revestido de uniformes y remitido al exterior a aprender artes de torturas, robos, saqueos, desapariciones y muertes para luego, con nuestros mismos impuestos, constituir asociaciones ilícitas para diezmar una generación de obreros, intelectuales, jóvenes, madres y niños apoderándose de sus vidas y bienes configurando un verdadero genocidio. Cuando tuvieron que defender nuestras islas contra los imperios invasores sólo sirvieron para torturar a nuestros jóvenes soldados y luego huir como ratas negociando su poder por leyes de amnistía, obediencias debidas, perdón o indultos. Después de treinta años, en un intento de juzgamiento por una Justicia genuflexa, timorata y cómplice, con caprichosas interpretaciones del derecho, son liberados y mandados a sus palacetes a disfrutar de sus licores, jacussis, jardines, quinchos y por las noches, luego de sus agotadas jornadas, dormir plácidamente bajo la guarda de esa misma Justicia que debiera condenarlos. Extraña obra del terror que ni Hitchcock o Ibáñez Menta se las hubieran siquiera imaginado.
Amilcar Monti, amilcarjuliomonti@hotmail.com