Sábado 05 de Marzo de 2011
La libertad de los pueblos no consiste en palabras ni debe existir en los papeles solamente. Cualquier déspota puede obligar a sus esclavos a que canten himnos a la libertad; y este cántico es muy compatible con las cadenas y opresión de los que lo entonan. Si deseamos que los pueblos sean libres, observemos religiosamente el sagrado dogma de la igualdad. Si me considero igual a mis conciudadanos, ¿por qué me he de presentar de un modo que les enseñe que son menos que yo? Mi superioridad sólo existe en el acto de ejercer la magistratura, que se me ha confiado; en las demás funciones de la sociedad soy un ciudadano, sin derecho a otras consideraciones que las que merezca por mis virtudes. Párrafo del decreto de supresión de honores dictado por Mariano Moreno, agregando que "ningún habitante de Buenos Aires, ni ebrio ni dormido debe tener expresiones contra la libertad de su país". Este decreto dictado en 1810, ante manifestaciones de Atanasio Duarte, quien en un brindis ofendió la probidad del presidente de la Junta de Mayo, desterrándolo a perpetuidad de Buenos Aires, por sus expresiones indignas hechas con motivo de un brindis a favor de Cornelio Saavedra. Doscientos años atrás, Moreno estaba definiendo un tipo de relación entre el gobierno y la sociedad, que dos siglos después, la diputada Diana Conti, ante las expresiones desmesuradas sobre el intento reelecionista a perpetuidad y de la actual presidente, tira por la borda los principios de libertad e igualdad que iluminaron la gesta de Mayo. Con este decreto, Moreno quiso poner límites a los dos peligros que amenazaban a una clase dirigente democrática de una Nación que pretendía ser libre, distanciarse de la gente, y admitir la obsecuencia, la adulación y la alcahuetería. No otra cosa puede decirse de las desgraciadas expresiones de la diputada Conti, que vulneran los más elementales principios de libertad, igualdad y democracia, tan vulnerados por el oficialismo y sus alcahuetes.
Alfredo Kaminsky
DNI 5267980