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Exhumarán los restos del ex diputado radical Mario Amaya

Los restos del ex diputado radical chubutense Mario Abel Amaya, abogado defensor de los derechos humanos fallecido en cautiverio el 19 de octubre de 1976, serán exhumados el 18 de febrero del cementerio de Luján de la provincia de San Luis, por orden del juez federal de Rawson, Hugo Sastre.

Sábado 17 de Enero de 2009

Los restos del ex diputado radical chubutense Mario Abel Amaya, abogado defensor de los derechos humanos fallecido en cautiverio el 19 de octubre de 1976, serán exhumados el 18 de febrero del cementerio de Luján de la provincia de San Luis, por orden del juez federal de Rawson, Hugo Sastre.

La confirmación fue brindada por el secretario penal de ese juzgado, Gustavo Lleral, quien sostuvo que "la intención es someter los restos a una pericia para determinar, de ser posible, si Mario Abel Amaya antes de su muerte fue golpeado como se denunció en la causa por parte de al menos dos testimonios".

"A pesar de los 32 años que transcurrieron desde su muerte, los especialistas forenses a los que consultamos nos dicen que es posible determinar si la víctima fue sometida a una descarga de violencia, de allí la decisión que materializará la Gendarmería para trasladar los restos a la morgue judicial de la Corte Suprema de Justicia", explicó Lleral.

La causa se tramitó muy lentamente durante décadas, mientras intervino la Cámara Federal de Bahía Blanca, ciudad en la que Amaya también estuvo preso, hasta que en 2007 se estableció la competencia del Juzgado Federal de Rawson que comenzó de inmediato con las declaraciones.

Las dificultades para determinar la competencia judicial obedecieron a la mecánica de hostigamiento a la que fue sometido Amaya, quien fue detenido en su domicilio de Trelew, llevado a Bahía Blanca, luego liberado en San Antonio Oeste (Río Negro), apresado a las pocas horas nuevamente para alojarlo en la Unidad 6 de Rawson y terminar sus días en la cárcel de Villa Devoto, donde muere, según la historia clínica.

En la causa fue central el testimonio del ex senador Hipólito Solari Yrigoyen, quien lo vio por última vez con vida "muy débil y con signos evidentes de haber recibido un castigo físico notable". Según quedó establecido también en la causa, el abogado Amaya padecía de asma, y para martirizarlo más aún, le negaban la inhalación de broncodilatadores.

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